Rusia fracasa en Port Sudan y sus rivales ganan terreno estratégico en Bab el-Mandeb y el mar Rojo
El conflicto por el control de puntos estranguladores marítimos críticos como Bab el-Mandeb refleja un cambio sistémico hacia la priorización de la proyección de fuerza a lo largo de corredores comerciales globales vitales. Las crecientes fricciones geopolíticas y las vulnerabilidades de estos pasos estrechos han elevado la vigilancia marítima a un componente central de la proyección de poder regional. Las presencias multipolares consolidadas en el Cuerno de África marginan cada vez más a los actores tardíos o limitados diplomáticamente. La incapacidad de Moscú para asegurar un centro operativo en el mar Rojo expone debilidades estructurales en su estrategia africana a largo plazo y en su capacidad de proyección de poder. Este déficit operativo deja los intereses rusos vulnerables a interrupciones en la cadena de suministro mientras los principales competidores consolidan infraestructura multidominio en centros logísticos vecinos. Por consiguiente, el fracaso en establecer una presencia en el mar Rojo durante un período de elevada inestabilidad en el corredor profundiza la asimetría estratégica de Rusia en el marco más amplio del océano Índico.

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