Las pérdidas de aeronaves rusas se disparan mientras los accidentes exponen el colapso de la flota aérea
El esfuerzo bélico de Rusia se ve cada vez más limitado no solo por las pérdidas en el frente, sino también por una crisis cada vez más profunda dentro de su propia infraestructura militar, lejos de Ucrania. Años de sanciones, un uso acelerado en tiempos de guerra y la modernización aplazada han ejercido una presión extraordinaria sobre sistemas que nunca fueron diseñados para sostener operaciones prolongadas de alta intensidad. Esto se manifiesta con mayor claridad en la aviación, donde plataformas envejecidas, una experiencia técnica en declive y cuellos de botella en el suministro se combinan de forma peligrosa. Lo que antes se gestionaba mediante mantenimiento rutinario y redundancia se está convirtiendo ahora en una cuestión de improvisación y aceptación del riesgo. A medida que Rusia prioriza las necesidades inmediatas del campo de batalla sobre la preservación a largo plazo de sus fuerzas, comienzan a aflorar con mayor frecuencia debilidades estructurales que antes permanecían ocultas. El resultado es una vulnerabilidad creciente que erosiona la capacidad militar rusa no por la acción del enemigo, sino por el agotamiento interno y la decadencia sistémica.

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