Lukashenko ruega a Ucrania que no ataque: Zelenski le lanza un ultimátum de 48 horas máximo

Jun 25, 2026
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En este vídeo analizaremos el ultimátum de Ucrania a Bielorrusia.

En este contexto, Kiev ha emitido una severa advertencia a Minsk para que cese de apoyar los ataques de drones rusos de largo alcance contra territorio ucraniano. Lo que siguió fue un estado de pánico absoluto en Bielorrusia, lo que obligó a Lukashenko a solicitar indulgencia a medida que expira rápidamente el plazo fijado por las autoridades ucranianas.

Recientemente, Volodímir Zelenski presentó un ultimátum a Bielorrusia, señalando que las estaciones de retransmisión situadas en dos regiones bielorrusas colindantes con Ucrania facilitan a las fuerzas rusas la corrección y guiado de los ataques contra la infraestructura civil ucraniana. Este equipamiento ha posibilitado ofensivas contra el sector energético, la red ferroviaria y núcleos urbanos de Ucrania. Zelenski advirtió a Minsk hace cinco días que dichos repetidores deben ser desactivados o desmantelados en el plazo de una semana; de lo contrario, Ucrania intervendrá de manera directa.

Este ultimátum se produce en un momento en que Rusia continúa expandiendo su infraestructura militar en territorio bielorruso. Los preparativos para el despliegue de una red de retransmisión y puntos de control de vehículos aéreos no tripulados comenzaron ya en marzo, periodo en el cual las fuerzas rusas desarrollaron una creciente infraestructura de aeródromos y plataformas de lanzamiento en la zona frontera ucrano-bielorrusa. Este despliegue permite a Moscú lanzar drones de ataque directamente hacia Kiev o desviarlos a lo largo de la frontera hacia el oeste de Ucrania. Además de las instalaciones de lanzamiento, el Kremlin depende cada vez más de los sistemas de comunicación y retransmisión de señales ubicados en suelo bielorruso, los cuales dan soporte a las operaciones de los drones y optimizan el guiado de los ataques contra objetivos ucranianos. Durante múltiples ofensivas a gran escala, los vectores no tripulados rusos penetran primero en el espacio aéreo bielorruso antes de incursionar en Ucrania, volando frecuentemente a una distancia de apenas entre cinco y diez kilómetros de la línea fronteriza. Esta táctica plantea desafíos operativos de envergadura para las defensas antiaéreas ucranianas, dado que Kiev no puede posicionar de forma segura sus activos de defensa aérea en las proximidades de la frontera con Bielorrusia, ya que quedarían expuestos a los drones de reconocimiento rusos, incrementando su vulnerabilidad ante eventuales ataques. Informes de los servicios de inteligencia indican que Moscú se encuentra actualmente construyendo al menos cuatro bases logísticas exclusivas para drones en Bielorrusia, destinadas al lanzamiento de municiones merodeadoras de tipo Shahed. Una vez operativas, estas instalaciones reducirán los tiempos de vuelo y contraerán las ventanas de alerta temprana y respuesta de las fuerzas ucranianas.

Ucrania ya ha demostrado su capacidad para neutralizar las operaciones de drones rusos dentro de las fronteras bielorrusas. A finales de febrero, las fuerzas ucranianas inutilizaron componentes de una red de retransmisión mallada (Wi-Fi mesh) empleada por Rusia para coordinar los ataques de los drones Shahed. Si bien la metodología precisa de esta operación permanece bajo secreto militar, se emplearon capacidades de guerra cibernética o electrónica. La incursión se ejecutó tras la desclasificación de datos de inteligencia y advertencias previas por parte de Kiev, resultando finalmente en el desmantelamiento de varias estaciones repetidoras. Esto evidencia que Ucrania posee la capacidad de desarticular estas redes sin incurrir en los riesgos de escalada mayor inherentes a un ataque cinético. No obstante, Bielorrusia reconstruyó posteriormente secciones de dicha red, permitiendo que Rusia continúe instrumentalizando el territorio bielorruso para apoyar los ataques con drones contra Ucrania. En este escenario, el comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados, Robert Brovdi, declaró que Ucrania ya ha identificado los primeros quinientos objetivos en el interior de Bielorrusia susceptibles de ser neutralizados en caso de una nueva ofensiva desde el vector norte. Simultáneamente, Zelenski enfatizó que Kiev conoce la ubicación exacta de cada empresa bielorrusa implicada en el esfuerzo de guerra ruso, incluyendo factorías de componentes para vehículos blindados y sistemas de misiles, así como instalaciones de suministro de combustible para las fuerzas armadas rusas.

Como consecuencia del ultimátum ucraniano y de la creciente presión político-militar, Lukashenko aseguró de forma vehemente que Ucrania no debe prever ninguna acción bélica procedente de Bielorrusia, particularmente bajo su mandato. Asimismo, ofreció disculpas a Zelenski por sus declaraciones despectivas previas y subrayó que Minsk carece de interés alguno en involucrarse en el conflicto. Lukashenko admitió abiertamente que Bielorrusia afrontaría riesgos existenciales si Ucrania comenzara a ejecutar ataques contra territorio bielorruso con la misma intensidad con la que hostiga actualmente objetivos dentro de la Federación Rusa. Estas preocupaciones se ven validadas por las crecientes dificultades que experimenta la propia red de defensa aérea rusa, la cual, a pesar de contar con recursos sustancialmente mayores, continúa mostrando deficiencias frente a las incursiones de drones y misiles ucranianos. Por consiguiente, Bielorrusia se enfrentaría a desafíos aún más complejos para salvaguardar su espacio aéreo, dado que el país dispone de un inventario defensivo notablemente inferior al de Rusia, cuyas capacidades ya se encuentran al límite de su despliegue protegiendo su propio territorio.

En términos generales, el ultimátum de Ucrania refleja una determinación creciente de exigir responsabilidades directas a Bielorrusia por su complicidad en las operaciones con drones de la Federación Rusa. Al evidenciar el rol militar e industrial de Minsk en el conflicto y poner de relieve su incapacidad para repeler una campaña sostenida de ataques ucranianos, Kiev incrementa la presión para que el régimen bielorruso tome distancia respecto a Moscú. El resultado plantea un dilema estratégico para Lukashenko, puesto que el alineamiento continuado con Rusia acarrea costes y riesgos potencialmente devastadores para la propia estabilidad de Bielorrusia.

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