EE. UU. abandona los ataques a Irán y desata una guerra económica total para asfixiar al régimen
El giro estratégico de los ataques aéreos cinéticos hacia un bloqueo marítimo refleja la constatación de que la fuerza militar por sí sola no puede forzar concesiones políticas por parte de Irán. Al recurrir al desgaste económico mediante la Operación Furia Económica, Washington busca explotar las vulnerabilidades financieras de Teherán mientras desplaza la carga del conflicto hacia la estabilidad interna iraní. Sin embargo, esta estrategia depende de una resistencia política asimétrica, ya que la estructura autoritaria de Irán puede absorber graves perturbaciones económicas a través de la represión estatal. Por el contrario, el liderazgo democrático sigue siendo altamente sensible a la volatilidad del mercado energético global y al aumento de los costes internos del combustible. El continuo cierre del estrecho de Ormuz por parte de Teherán transforma este corredor marítimo regional en un punto de presión económica global, utilizando las interrupciones de la cadena de suministro en contra de los plazos políticos occidentales. En consecuencia, el principal riesgo sistémico radica en que Washington calcule mal la capacidad de resistencia del régimen, lo que precipitaría un punto muerto insostenible que agravaría la fragilidad energética mundial.

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