Rusia amplía su enorme maquinaria de guerra y pone ahora a los países bálticos en máxima alerta
La expansión militar de Moscú supera con creces sus necesidades operativas en Ucrania, indicando un cambio estructural hacia una confrontación a largo plazo con la OTAN. Al ampliar bases fronterizas, acondicionar infraestructura hospitalaria y reservar blindados modernos, el Kremlin establece plataformas de despliegue permanente frente al flanco oriental aliado. La acumulación masiva de drones y misiles genera una asimetría calculada para saturar unas defensas antiaéreas europeas ya debilitadas. Paralelamente, las operaciones híbridas y las recurrentes incursiones aéreas disminuyen progresivamente el umbral de una agresión militar convencional. Este contexto evidencia que un alto el fuego en Ucrania no neutralizaría la amenaza, sino que liberaría recursos para su rápida redistribución geográfica. Por consiguiente, la estrategia occidental debe evolucionar de una disuasión reactiva hacia la clausura preventiva de cualquier oportunidad táctica para Moscú.

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