Egipto se ve obligado a responder al creciente poder regional de Etiopía antes de perder más terreno
La hidrohegemonía unilateral de Etiopía mediante la Gran Presa del Renacimiento y su búsqueda de acceso al mar Rojo alteran el equilibrio regional. Este control hídrico genera una vulnerabilidad estructural crítica para Egipto y Sudán, cuya seguridad alimentaria depende de la cuenca del Nilo. Como respuesta, los adversarios regionales implementan tácticas de contención asimétrica en lugar de optar por una confrontación militar directa. Mediante el respaldo a coaliciones insurgentes internas, potencias externas explotan deliberadamente la fragmentación etíope para neutralizar su proyección de poder. Esta maniobra inmoviliza los recursos defensivos de Adís Abeba y amenaza corredores comerciales vitales mientras contrarresta su influencia negociadora. Por ende, la inestabilidad doméstica evoluciona hacia una guerra subsidiaria multirregional que pone en riesgo la seguridad marítima y ribereña.

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