Buque ruso de operaciones encubiertas atrapado con las manos en la masa, rodeado y confiscado
El mar Báltico se ha convertido en una línea de frente de confrontación silenciosa, donde la infraestructura crítica es cada vez más atacada por debajo del umbral del conflicto abierto. Los cables y oleoductos submarinos representan ahora puntos de presión estratégicos, que permiten perturbar sociedades sin disparar un solo tiro. Durante años, estas vulnerabilidades han sido explotadas mediante la ambigüedad, permitiendo a actores hostiles operar sin una atribución clara ni represalias. Este entorno de zona gris ha favorecido a quienes están dispuestos a difuminar la línea entre la actividad civil y el sabotaje dirigido por el Estado. Lo que importa ahora no es solo quién daña la infraestructura, sino si los Estados costeros pueden responder sin escalar hacia una confrontación militar. Las acciones recientes en el norte de Europa sugieren que este equilibrio podría estar empezando a cambiar.

0 Comentarios