Rusia despliega su armada para romper el bloqueo europeo (pero en el lugar equivocado)
La incautación física creciente de buques de la « flota en la sombra » ha transformado la aplicación de sanciones de un obstáculo legal en una amenaza operativa directa para la alianza ruso-iraní. En respuesta, Moscú y Teherán han iniciado maniobras navales conjuntas presentadas como misiones para asegurar la navegación comercial y disuadir las interdicciones marítimas. Sin embargo, persiste una desconexión estratégica fundamental, ya que estos ejercicios se realizan en aguas permisivas a miles de kilómetros de las zonas activas de incautación. Este aislamiento geográfico impide que las formaciones navales proporcionen una protección real en corredores disputados como el Báltico o el mar del Norte, donde los buques son más vulnerables. En consecuencia, la movilización funciona más como una herramienta de señalización simbólica para audiencias internas que como una contramedida viable frente a las operaciones occidentales de abordaje. Al no proyectar poder donde es operativamente necesario, la alianza señala inadvertidamente una falta de intención de escalada, envalentonando a los Estados para acelerar el ritmo de las detenciones de buques.

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