Los rusos quieren armar petroleros con misiles y drones para evitar incautaciones
La capacidad de Rusia para sostener su esfuerzo bélico depende en gran medida de la exportación de petróleo, a pesar de un régimen de sanciones en expansión, y durante meses esto ha sido posible gracias a una flota en la sombra que opera en zonas grises legales de las aguas europeas. Este sistema no se basaba en protección militar, sino en la vacilación, la ambigüedad legal y la expectativa de que la aplicación europea permanecería fragmentada, cautelosa y políticamente limitada. Esta suposición ha comenzado a derrumbarse, ya que varios Estados europeos pasan de la presión simbólica a la interdicción directa y coordinada en el mar. Los abordajes, detenciones y desvíos forzados ya no son incidentes aislados, sino parte de un patrón de aplicación emergente. A medida que desaparece esta tolerancia, la evasión de sanciones deja de ser un recurso manejable y se convierte en una vulnerabilidad sistémica. La presión resultante está llevando a Moscú a contramedidas cada vez más desesperadas y militarizadas, que reflejan tensión más que confianza.

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