La crisis del petróleo en Rusia estalla tras perder su salvavidas venezolano, en medio de ataques devastadores a sus refinerías
El sector energético de Rusia entra en una fase en la que la presión deja de venir de una sola dirección y converge simultáneamente sobre la producción, el procesamiento y las exportaciones. Lo que antes funcionaba como la columna vertebral resistente de la economía rusa ahora está bajo estrés tanto interno como externo. Los daños dentro de Rusia limitan la cantidad de petróleo que puede refinarse y monetizarse, mientras que las acciones externas estrechan las rutas y los socios de los que Moscú depende para mantener los flujos de exportación. Esta combinación es decisiva, ya que los ingresos petroleros sostienen tanto el presupuesto del Estado como el esfuerzo bélico. A medida que desaparecen los amortiguadores, las pérdidas comienzan a acumularse en lugar de permanecer aisladas. El resultado es un sistema que todavía puede producir petróleo, pero que tiene cada vez más dificultades para transformarlo en ingresos estables bajo presión continua.

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