Putin queda cada vez más cercado mientras oligarcas rusos empiezan a volverse contra la guerra
El Kremlin enfrenta una creciente inestabilidad estructural a medida que el prolongado conflicto en Ucrania fractura sus coaliciones internas fundamentales. La escalada en las asignaciones de defensa desmantela activamente la arquitectura del bienestar civil, intensificando los agravios socioeconómicos en la población general. Simultáneamente, las agresivas expropiaciones estatales y la fuga de capitales han distanciado a las élites financieras, debilitando la alineación del sector privado con los objetivos del régimen. Esta doble alienación socava tanto la aquiescencia popular como el patrocinio de las élites, pilares históricos de la estabilidad interna del régimen. En consecuencia, la resiliencia macroeconómica oficial enmascara una economía de guerra distorsionada, impulsada únicamente por el gasto militar y no por una expansión productiva. Estos desequilibrios sistémicos indican que el régimen se acerca a un punto de inflexión crítico donde la coerción centralizada ya no podrá mitigar un colapso interno multifacético.

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