En el día de hoy, analistas militares rusos han confirmado oficialmente la retirada de sus fuerzas del último sector de la óblast de Dnipropetrovsk que permanecía bajo su control. El reconocimiento explícito de este repliegue por parte de fuentes ultranacionalistas y prolínea dura rusas resulta sumamente revelador. Más allá de atribuir el desenlace de forma exclusiva a la superioridad táctica ucraniana, diversos analistas rusos han señalado con dureza los fallos estructurales del propio mando operativo ruso, incapaz de articular los refuerzos necesarios para estabilizar el sector y dejando a la agrupación de fuerzas 'Este' sin la densidad de masa de maniobra requerida para sostener el dispositivo defensivo. Las críticas trascienden el ámbito táctico y se dirigen directamente hacia el Estado Mayor General, al que se acusa abiertamente de deficiencias en la asignación de efectivos, fallos sistemáticos de planeamiento e incapacidad operativa para efectuar la transición de una postura ofensiva a una defensa organizada.

El repliegue se produce tras semanas de sostenida presión operativa ucraniana en una de las parcelas más complejas para las tropas rusas. Registros videográficos difundidos por la 79.ª Brigada de Asalto Aéreo muestran cómo los grupos de infiltración de la 90.ª División de Tanques rusa fueron detectados casi de manera inmediata tras iniciar su avance, para ser posteriormente neutralizados de forma sistemática mediante drones FPV, vectores aéreos de bombardeo, fuego de artillería y operaciones de limpieza a cargo de elementos de fuerzas especiales ucranianas. Este episodio ilustra la dinámica general observada a lo largo del frente, donde unidades del tamaño de batallón han sufrido considerables tasas de atrición al intentar fijar posiciones bajo una vigilancia aérea constante. En lugar de consolidar líneas defensivas escalonadas, numerosas unidades se vieron reducidas a rotar reducidos elementos de infantería en posiciones expuestas, quedando sometidas a una interdicción permanente. El desgaste acumulado terminó por comprometer la viabilidad táctica de mantener la cabeza de puente, incluso antes de que la escasez de reservas alcanzara un punto crítico.

El factor determinante en la falta de refuerzos radica en la priorización estratégica del Donbás por parte del mando ruso. La toma del territorio remanente de la óblast de Donetsk bajo control ucraniano se mantiene como el objetivo operacional primario de Vladimir Putin, concentrando los flujos de reservas disponibles en detrimento de los sectores secundarios. En consecuencia, los mandos desplegados en teatros secundarios como Dnipropetrovsk se han visto obligados a sostener la defensa con formaciones fuertemente desgastadas.

La degradación logística agravó sustancialmente la situación operativa. La localidad de Bahatyr, convertida en el principal nodo logístico del dispositivo ruso en este reducto, ha sufrido daños severos tras prolongados combates. Su destrucción dificulta de forma crítica la ocultación de material, municiones y concentraciones de tropas. Aun en el supuesto de disponer de reservas adicionales, su despliegue y sostenimiento a través de una red logística expuesta habrían resultado inviables dada la constante capacidad de reconocimiento y fuego de precisión ucraniana. Ante el incremento constante de bajas, la insuficiencia de efectivos y el colapso del sistema de abastecimiento, la cadena de mando rusa determinó la inviabilidad de mantener las posiciones remanentes, ejecutando un repliegue bajo fuego enemigo.

Esta retirada culmina una maniobra ucraniana más amplia en la convergencia limítrofe entre las óblasts de Dnipropetrovsk, Donetsk y Zaporiyia. En las últimas semanas, las operaciones de contraofensiva ucraniana lograron la recuperación gradual de asentamientos, rebasando las líneas rusas en múltiples sectores. La bolsa residual constituía el último reducto del control ruso en la óblast, pero el avance convergente ucraniano comprimió progresivamente la posición, reduciendo a las fuerzas defensoras a un saliente vulnerado, con capacidad logística diezmada y sin perspectiva de refuerzo. En lugar de empeñar recursos en una costosa estabilización del frente, las fuerzas rusas optaron por evacuar definitivamente el sector.

En conjunto, el desenlace en la óblast de Dnipropetrovsk evidencia cómo la combinación de la presión táctica ucraniana y una errónea jerarquización estratégica de objetivos por parte rusa puede derivar en un colapso operacional. Si bien las acciones ofensivas ucranianas asestaron los golpes iniciales, el factor decisivo fue la incapacidad del mando ruso para canalizar refuerzos tras volcar la totalidad de sus reservas en la campaña del Donbás. Ante la continuidad de la ofensiva ucraniana, los mandos rusos carecieron de unidades de refresco para obturar las brechas en el dispositivo. El resultado no representa un mero repliegue táctico, sino la pérdida definitiva del último bastión ruso en la óblast de Dnipropetrovsk, fruto del desgaste continuado ucraniano y de un esquema de mando que sacrificó deliberadamente este sector para priorizar otro eje operacional.


.jpg)








Comentarios