Siria acelera la salida de unidades rusas y refuerza el control en zonas críticas
La reconfiguración del panorama de seguridad sirio marca el fin definitivo de la era del control territorial fragmentado y el atrincheramiento militar extranjero. Damasco está reafirmando sistemáticamente su soberanía al ordenar la retirada de los activos rusos de Qamishli, lo que señala el declive del papel de Moscú como principal garante de seguridad. Por el contrario, Estados Unidos está ejecutando una transición gestionada de sus instalaciones, priorizando la continuidad económica y los contratos de desarrollo sobre la presencia militar permanente. Este giro estratégico está respaldado por importantes flujos de capital de potencias regionales y la Unión Europea, destinados a estabilizar el Estado mediante la inversión en infraestructuras. La nacionalización de las huellas militares extranjeras sugiere un avance hacia un sistema administrativo unificado diseñado para eliminar la autonomía externa dentro de las fronteras sirias. Sin embargo, la sostenibilidad de este resurgimiento sigue dependiendo de la capacidad del gobierno para gestionar las complejas rivalidades regionales y la integración socioeconómica interna.

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