Cómo fracasó EE. UU. al forzar un cambio de régimen cuando la guerra ya había comenzado
La reciente intervención militar en Irán evidencia las limitaciones de las estrategias de decapitación frente a regímenes autoritarios profundamente institucionalizados y descentralizados. A pesar del ataque integral contra las principales figuras de liderazgo, la resiliencia estructural de las líneas de sucesión predesignadas del régimen neutralizó eficazmente cualquier colapso administrativo o de mando inmediato. Además, la dependencia del poder aéreo y de los ataques remotos no logró generar la presión coercitiva sobre el terreno necesaria para provocar deserciones militares masivas o pánico operativo. En el frente interno, las severas medidas represivas preexistentes y los apagones de comunicación degradaron sistémicamente la capacidad de la población para la movilización espontánea y la resistencia colectiva. La destrucción involuntaria de los centros tradicionales de coordinación civil aisló aún más a la oposición interna, invalidando los intentos externos de reactivar los levantamientos populares. En consecuencia, el objetivo estratégico se ha desplazado del cambio de régimen interno hacia un conflicto convencional, logístico y diplomático centrado en los bloqueos marítimos en el estrecho de Ormuz.

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