Rusia se prepara para la tercera guerra chechena mientras la salud de Ramzán Kadýrov empeora
El control de Rusia sobre sus regiones más volátiles depende menos de las instituciones que de un poder personal cuidadosamente gestionado. En ningún lugar es esto más evidente que en Chechenia, donde la estabilidad ha sido impuesta mediante el miedo, la lealtad y una figura dominante única, en lugar de una gobernanza duradera. Mientras esa figura mantuvo el control total, Moscú pudo tratar la región como contenida, si no plenamente integrada. Sin embargo, en el momento en que su autoridad se debilita, comienzan a emerger rivalidades largamente reprimidas y agravios no resueltos. Esto crea un peligroso vacío de poder en una república con una historia de resistencia violenta y luchas armadas. Lo que se está desarrollando ahora pone a prueba si Moscú aún puede dictar los resultados allí, o si su control siempre fue más frágil de lo que parecía.

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