Las fuerzas rusas han admitido de facto el fracaso de sus operaciones de infiltración en el área de Novopavlivka e Ivanivka. Tras meses de desplegar pequeños grupos tácticos a través de las brechas en la línea defensiva ucraniana, el mando ruso cesó los intentos de consolidar estas penetraciones para transformarlas en un avance a mayor escala y comenzó a replegar sus fuerzas principales al sur del río. Incluso fuentes rusas que previamente calificaban estas infiltraciones aisladas como ganancias territoriales reconocen ahora que la dinámica de la situación se ha invertido y que los esfuerzos ofensivos avanzados resultan insostenibles. Las reiteradas tentativas generaron un desgaste excesivo de efectivos frescos, lo que llevó al mando ruso a abortar el plan operativo y proceder a la retirada de la zona.

Dicho repliegue se produjo tras el reiterado saldo negativo de los intentos de infiltración rusos, caracterizados por elevadas bajas. Material audiovisual del sector evidencia cómo los vehículos aéreos no tripulados ucranianos lanzan granadas sobre la infantería rusa en avance a través de vegetación densa. Ataques FPV independientes muestran municiones merodeadoras ucranianas impactando directamente en refugios rusos y detonando en su interior. Cerca de Horikove, otro grupo de infiltración ruso que avanzaba entre la maleza fue detectado y neutralizado por la artillería y drones de ataque ucranianos antes de lograr establecer posiciones consolidadas. Operadores ucranianos de drones FPV destruyeron asimismo múltiples sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes BM-21 Grad que proporcionaban apoyo de fuego a las operaciones rusas en el sector de Novopavlivka. Este desgaste acumulado evidenció la inviabilidad de las maniobras de infiltración, al ser los efectivos rusos eliminados antes de poder establecer una presencia táctica duradera.

Con el repliegue de las fuerzas rusas del área de Novopavlivka, las unidades aún vinculadas a la línea principal lograron retirarse, mientras que los elementos infiltrados en la profundidad del dispositivo ucraniano quedaron abandonados. Dichos grupos reducidos se habían introducido por las brechas del frente refugiándose en posiciones ocultas a la espera de refuerzos para concentrar la masa de combate necesaria, lanzar un ataque y consolidar posiciones permanentes. En Andriivka-Klevtsove, unidades rezagadas rusas permanecieron aisladas más allá de la zona gris al perder la capacidad de canalizar refuerzos hacia la localidad, quedando cercadas en territorio bajo control ucraniano. Con la cancelación de la operación general, estos efectivos perdieron la cobertura de refuerzos prevista e incluso el reabastecimiento logístico de víveres y pertrechos mediante drones. Incapaces de generar poder de combate ofensivo o de mantener una capacidad defensiva prolongada, el mando ruso los dio efectivamente por perdidos, dejándolos expuestos al aniquilamiento o a la rendición.

Tras quedar estos grupos aislados tras la línea de defensa ucraniana, las fuerzas ucranianas iniciaron la limpieza sistemática de los reductos donde permanecían ocultos. En el sector extendido de Komar, aviación ucraniana MiG-29 empleó bombas guiadas AASM Hammer contra un inmueble que albergaba a operadores de drones rusos, neutralizando un elemento clave del apoyo táctico enemigo en la zona. Posteriormente, unidades ucranianas de drones operaron directamente contra las posiciones aisladas, lanzando granadas sobre viviendas, sótanos, pozos de tirador y áreas de vegetación, e impactando con drones FPV sobre las posiciones rusas camufladas. En Andriivka-Klevtsove, Fuerzas de Operaciones Especiales atacaron a efectivos rusos atrincherados en una vivienda mediante drones de ataque y bombarderos hasta forzar la salida y rendición colectiva de los supervivientes. Las fuerzas ucranianas continuaron la neutralización metódica de estas posiciones hasta que la totalidad de los elementos abandonados fue eliminada en sus refugios o forzada a rendirse.

En términos generales, este patrón recurrente de abandono obligará al mando ruso a ponderar el riesgo operativo de que cada infiltración en profundidad genere grupos aislados que posteriormente deban ser rescatados o dados por perdidos. Recuperar a dicho personal requeriría reinsertar tropas a través de rutas bajo observación y fuego de drones ucranianos, incrementando el costo táctico de una operación fallida incluso tras la conclusión del ataque principal. Para mitigar este riesgo, los mandos rusos podrían verse forzados a limitar el alcance de futuras infiltraciones a las proximidades de sus propias líneas o a comprometer un mayor volumen de fuerzas desde la fase inicial, reduciendo así la flexibilidad táctica que hacía atractiva esta maniobra. De mantenerse esta tendencia, la comandancia rusa continuará empeñando pequeños grupos a través de las líneas ucranianas, aceptando la pérdida sistemática de sus propios efectivos cuando las operaciones de mayor envergadura colapsen.


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