Hoy, las novedades de mayor trascendencia estratégica proceden de la Federación de Rusia.
En este emplazamiento, la Armada de Ucrania informó de un impacto sobre la fragata rusa Admiral Essen en el puerto de Novorossiysk mediante un misil Neptun. La unidad Admiral Essen constituye un vector portador de misiles de crucero Kalibr, empleados por Rusia para ejecutar ataques de precisión a larga distancia contra objetivos situados en Ucrania. En la misma operación resultaron alcanzadas otras dos plataformas portadoras de vectores Kalibr: una corbeta de la clase Buyan-M y la fragata Admiral Makarov, sufriendo esta última daños en su costado de babor. Estos ataques se suceden tras los impactos registrados contra ambas fragatas el pasado mes de agosto, constatando que la Flota del Mar Negro rusa se halla sometida a incursiones sistemáticas. Según la Armada ucraniana, el objetivo estratégico de estas acciones radica en degradar de manera sistemática la capacidad operativa de combate de la flota rusa, singularmente su aptitud para efectuar lanzamientos de misiles contra territorio ucraniano.

Las incursiones navales se inscriben asimismo en una campaña ucraniana de mayor alcance orientada a la neutralización de las plataformas en las que Rusia apoya su ofensiva contra los núcleos urbanos ucranianos. Esta doctrina estratégica quedó demostrada en una operación previa en la que vehículos aéreos no tripulados ucranianos recorrieron ochocientos kilómetros hasta la base aérea de Engels, donde batieron un bombardero estratégico ruso Tu-95. La imaginería satelital captada tras la incursión del dron suicida indica la destrucción total de la aeronave. Asimismo, en la citada base se identificó otro Tu-95 dañado en un ataque ucraniano anterior, evidencia de la creciente efectividad de estas incursiones profundas.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, confirmó que la fuerza de operaciones especiales Alfa del SBU ejecutó la acción contra el bombardero estratégico, plataforma empleada como vector de misiles de crucero de largo alcance. Dichos bombarderos representan objetivos tácticos de alta prioridad al ser capaces de lanzar misiles de crucero desde distancias de cientos de kilómetros, permaneciendo fuera del radio de acción de los sistemas de defensa aérea ucranianos. Al alcanzar las aeronaves en tierra, Ucrania logra anular dicha ventaja de alcance y batir directamente una de las plataformas fundamentales del dispositivo de misiles de largo alcance ruso.

Como complemento a estas incursiones, las fuerzas ucranianas alcanzaron un sistema lanzador de misiles balísticos Iskander-M en territorio ruso, en las proximidades de la frontera ucraniana. La posición neutralizada era empleada para la ejecución de disparos de misiles Iskander y Zircón contra Ucrania, lo que le confería una significación táctica relevante. A diferencia de las instalaciones fijas, estos lanzadores poseen capacidad de desplazamiento rápido por la red vial rusa y de cambio continuo de posición de disparo, dificultando notablemente su detección y neutralización. La localización y destrucción efectiva de una de estas unidades evidencia la capacidad ucraniana para batir las fuerzas de misiles móviles rusas a pesar de sus facultades de reubicación y maniobra.

Esta línea estratégica adquiere una trascendencia creciente debido a que Ucrania no puede sostener una doctrina basada exclusivamente en la intercepción de misiles entrantes, proceso que requiere interceptores de elevado coste disponibles en cantidades limitadas. Al atacar directamente las plataformas de lanzamiento, Ucrania logra neutralizar la amenaza antes del inicio del ataque. La destrucción de un bombardero, la avería causante de inoperatividad en un buque de guerra o la eliminación de un lanzador móvil no solo erradican una amenaza inminente, sino que reducen la capacidad rusa para ejecutar salvas continuadas y alivian la elevada presión ejercida sobre el sistema de defensa aérea ucraniano. Según Bloomberg, Putin sopesa intensificar los ataques con misiles balísticos contra Kiev, contemplando salvas de hasta doscientos misiles en un solo ataque. En la actualidad, Rusia cuenta con capacidad para lanzar de forma simultánea unos setenta y siete misiles, lo que indica que Moscú pretende incrementar drásticamente el volumen de disparo. Por ello, la doctrina ucraniana centrada en la caza y neutralización de las propias plataformas de lanzamiento cobra un valor estratégico decisivo.

En conjunto, Ucrania procura modificar la ecuación económica de la guerra de misiles empleada por Rusia para destruir las ciudades ucranianas. Si bien Rusia dispone de capacidad para fabricar y desplegar un volumen mayor de armamento, las pérdidas de vectores reducen la capacidad de lanzamiento disponible y rigidizan la planificación operativa. Si Ucrania logra forzar de manera continuada al mando ruso a dispersar o reubicar sus sistemas de ataque, el arsenal de misiles de Moscú pierde efectividad operativa. Por consiguiente, el verdadero objetivo estratégico trasciende la mera intercepción, orientándose a menoscabar la sostenibilidad de la campaña de ataques de largo alcance de Rusia.


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