Equipos de asalto colombianos rodean a los remanentes rusos en Kupiansk y desmantelan sus posiciones
Kupiansk se ha convertido en una prueba de si Rusia puede mantener la apariencia de control después de que su impulso ofensivo ya se haya quebrado. Lo que queda dentro de la ciudad ya no es una fuerza de asalto cohesionada, sino elementos de infiltración dispersos cuyo principal valor para Moscú es simbólico y político, más que militar. Ucrania, en cambio, está abordando la situación como un problema de contención y liquidación, no como una emergencia defensiva. La prioridad es impedir que cualquier narrativa rusa de control del terreno sobreviva lo suficiente como para justificar nuevos intentos de refuerzo. Para lograrlo, el mando ucraniano ha pasado de maniobras amplias a operaciones de limpieza urbana de precisión, enfatizando la experiencia, la coordinación y la minimización de bajas. La batalla por Kupiansk es, por tanto, menos una lucha por el terreno y más un esfuerzo por cerrar de manera definitiva el último punto de apoyo ruso en el sector.

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