Del mar Negro al Atlántico, los petroleros rusos son derribados uno por uno
La capacidad de Rusia para sostener su esfuerzo bélico depende cada vez más de una logística que opera fuera de la vista, a través de océanos lejanos al campo de batalla. La llamada flota en la sombra se creó para eludir sanciones de forma discreta, apoyándose en la distancia, la ambigüedad y la suposición de una aplicación fragmentada. Esa suposición está erosionándose a medida que la presión pasa del control documental y la vigilancia a la interrupción física en el mar. Lo decisivo ya no es si el petróleo ruso puede encontrar un comprador, sino si puede desplazarse físicamente sin ser detenido. Cuando las acciones de cumplimiento comienzan a superponerse en distintos teatros marítimos, la distancia deja de ser un escudo y se convierte en una vulnerabilidad. Esto crea un entorno estratégico en el que cada travesía acumula riesgos y la flota en la sombra pasa a ser un sistema frágil en lugar de una solución fiable.

0 Comentarios