Rusia se expande en África mediante la fuerza para compensar su aislamiento global
A medida que la posición de Rusia se deteriora en Europa y el Medio Oriente, África se ha convertido en el principal escenario donde Moscú intenta compensar su menguante alcance geopolítico. El continente ofrece menos barreras institucionales, estructuras de seguridad más débiles y gobiernos más dispuestos a intercambiar soberanía por supervivencia inmediata. Para el Kremlin, la influencia en África no se trata de asociación, sino de apalancamiento, acceso y negación de espacio a los rivales a un costo relativamente bajo. Sin embargo, este enfoque depende de la coerción más que de la integración, lo que hace que la influencia rusa sea inherentemente frágil y transaccional. A diferencia de China o los actores occidentales, a Rusia le falta la profundidad económica para consolidar relaciones a largo plazo mediante desarrollo o reconstrucción. Como resultado, la estrategia africana de Moscú se define cada vez más por rapidez y oportunismo en lugar de durabilidad, generando influencia que crece rápidamente pero se erosiona con la misma rapidez.

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