Rusia es golpeada simultáneamente desde el norte y el sur
El esfuerzo bélico de Rusia depende cada vez más del funcionamiento ininterrumpido de su infraestructura energética en la retaguardia, que sostiene tanto la estabilidad civil como la proyección del poder militar a grandes distancias. Esta dependencia crea una vulnerabilidad estructural, ya que redes centralizadas, líneas de transmisión envejecidas y una redundancia limitada dejan al sistema expuesto a choques simultáneos. Mientras Rusia ha centrado sus defensas en las amenazas del frente, ha tenido dificultades para adaptarse a la presión que apunta a la profundidad, la logística y los sistemas de apoyo críticos. La estrategia ucraniana de ataques en profundidad está diseñada precisamente para explotar este desequilibrio, convirtiendo el tamaño de Rusia de una ventaja en una carga. Cuando factores de estrés externos se combinan con presión militar deliberada, las interrupciones localizadas pueden escalar rápidamente en fallos sistémicos. El resultado es un entorno estratégico cada vez más complejo, donde la capacidad de Rusia para sostener operaciones está determinada en mayor medida por factores que no puede controlar plenamente ni reparar con rapidez.

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