Hoy llegan noticias importantes desde Estonia.
Aquí, un ejercicio de la OTAN simuló un asalto de alta intensidad y dejó a Estonia en estado de choque tras enfrentarse a la realidad de cuán preparada está la región para una invasión rusa. Los resultados expusieron vulnerabilidades peligrosas en las formaciones de la OTAN que operan en un campo de batalla saturado de drones, lo que refuerza la confianza rusa en que los países bálticos podrían convertirse en una presa fácil para una invasión a gran escala.

El ejercicio Hedgehog 2025 de la OTAN en Estonia contó con más de 16.000 soldados de 12 países miembros, pero esta vez incluyó a especialistas en drones ucranianos provenientes de unidades de primera línea como Nemesis, Rarog y la Legión Internacional de la Dirección Principal de Inteligencia de Ucrania.


Sus operadores de drones actuaron como un adversario tecnológicamente avanzado, enfrentándose a soldados estonios y británicos apoyados por vehículos blindados de combate, con el fin de probar la diferencia entre las tácticas sobre el papel y la experiencia real de combate. El escenario del ejercicio pretendía simular un contraataque inicial de la OTAN como primera respuesta ante una incursión enemiga transfronteriza.


El entrenamiento comenzó con las unidades de la OTAN desplegadas desde las zonas de reunión, avanzando por corredores viales hacia la zona de combate simulada. Desde allí, establecieron campamentos provisionales con tiendas de campaña, parques de vehículos y puntos de reabastecimiento cerca de la línea del frente.

Los ucranianos, operando ocultos en refugios y actuando como la fuerza de oposición, utilizaron drones de reconocimiento para identificar concentraciones estáticas y exponer nodos logísticos, creando un mapa en tiempo real de las posiciones enemigas. Esto se realizó a través del sistema Delta de Ucrania, una plataforma de gestión del campo de batalla y conocimiento situacional en tiempo real que integra datos de drones, satélites y de la línea del frente para coordinar operaciones y fijar blancos enemigos.

Una vez identificados los objetivos y organizada una lista de ataques prioritarios, los drones FPV y los bombarderos pesados ucranianos simularon ataques continuos contra vehículos blindados, puestos de mando, infantería y puntos de estrangulamiento de la OTAN, entablando combate con sus fuerzas antes de que pudieran alcanzar la línea del frente para atacar.

Tras este enfrentamiento inicial, los elementos de la OTAN intentaron reagruparse y realizar un avance rápido para abrumar a la fuerza opositora. Sin embargo, al no poder localizar a los ucranianos, quienes anticipaban esta reacción, las fuerzas aliadas se toparon con accesos y rutas logísticas minadas.

Nuevos ataques simulados con drones por parte de los operadores ucranianos agravaron las pérdidas, bloqueando carreteras y eliminando vehículos blindados uno por uno. En aproximadamente medio día, el equipo ucraniano destruyó de forma simulada 17 vehículos blindados y realizó unos 30 simulacros de ataque adicionales, deteniendo eficazmente las operaciones de maniobra de la OTAN y dejando a dos batallones mecanizados completos fuera de combate.

Según los participantes, las fuerzas rusas, representadas por los ucranianos, fueron capaces de abrumar por completo a la fuerza de la OTAN en un solo día, a pesar de utilizar solo la mitad de los drones que suelen verse en las líneas del frente de Ucrania en escenarios similares. Los equipos ucranianos desplegaron más de 30 drones en un área de menos de diez kilómetros cuadrados, combinando diferentes tipos para el reconocimiento, el minado simulado de carreteras y operaciones de ataque. El sistema Delta permitió ciclos rápidos de "sensor a tirador": detectar, compartir y atacar en cuestión de minutos. Las formaciones de la OTAN, por el contrario, operaron en agrupaciones visibles, con camuflaje limitado y un intercambio de datos más lento, lo que facilitó un blanco rápido que condujo a un resultado calificado por los socios de la OTAN como impactante.

Estos hallazgos son increíblemente útiles para Rusia, ya que subrayan cómo su experiencia en Ucrania sitúa a sus fuerzas armadas en una mejor posición, mientras que la OTAN aún no ha interiorizado plenamente las lecciones de la guerra. Aun así, a día de hoy, las reformas internas de la OTAN siguen incompletas, ya que la actualización de las cadenas de suministro lleva años, mientras que la reescritura de toda la doctrina requiere consenso entre los estados miembros, y el reentrenamiento de las fuerzas en formaciones a nivel de batallón necesita múltiples rotaciones de ejercicios.

El ejercicio también reveló una deficiencia clave, ya que el éxito ucraniano depende de un intercambio rápido de datos entre unidades, mientras que las fuerzas de la OTAN restringieron los flujos de información para proteger la inteligencia. Esto provocó que las unidades operaran bajo incertidumbre, cayendo directamente en una trampa, tal como ocurrió en el ejercicio en Estonia.


Cerrar esta brecha es esencial para evitar ser blanco de ataques durante los desplazamientos mientras se es incapaz de prevenir la infiltración enemiga a tiempo. Los oficiales reconocen que los manuales antiguos no reflejan totalmente la realidad de un campo de batalla dominado por drones, con su vigilancia persistente, fijación rápida de objetivos y capacidades de ataque descentralizadas.


No obstante, el anuncio público de los resultados del ejercicio, casi un año después de su realización, tiene como objetivo catalizar reformas internas, obligando al liderazgo de la OTAN a replantear drásticamente sus métodos de entrenamiento e instituir un cambio real.


En general, el ejercicio Hedgehog ha demostrado cómo el empleo masivo de drones en la guerra de Ucrania transforma el conflicto de alta intensidad y, especialmente, cómo la OTAN debe abordar ahora con urgencia sus vulnerabilidades principales. Al mismo tiempo, el énfasis público en estas fallas sirve para movilizar la voluntad política y los recursos presupuestarios, ya que la alarma siempre acelera la modernización. El objetivo del ejercicio era forzar una autoevaluación crítica, y expuso la brecha operativa que existiría si ocurriera una invasión rusa real en la frontera oriental de la OTAN utilizando estas mismas tácticas. Con la ayuda de veteranos de guerra ucranianos, Estonia obligó a sus aliados a enfrentarse a la realidad de que 10 operadores de drones pueden derrotar a 16.000 soldados, acentuando la necesidad de ajustar la doctrina de la OTAN en consecuencia.


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