Hezbolá lava el dinero de los carteles a través de sistemas globales de tráfico.

May 16, 2026
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Las informaciones de mayor relevancia geopolítica en la jornada de hoy provienen de Irán.

En el contexto de Oriente Medio, Irán constituye un Estado sumamente riguroso en lo que respecta al consumo de estupefacientes y los delitos conexos, contemplando la pena de muerte como la máxima sanción para tales infracciones. Paradójicamente, este mismo Estado que promueve públicamente una estricta política antidrogas ha articulado en América Latina un extenso imperio del narcotráfico, cuya influencia se proyecta a escala global.

Detrás de la consolidación de este imperio narcocriminal en América Latina subyace la firme ambición de Irán por alcanzar sus objetivos estratégicos. Debido a las prolongadas sanciones internacionales, la capacidad financiera de Irán se ha visto severamente mermada, lo que dificulta de forma creciente el financiamiento directo de sus redes de actores proxy en el exterior. Ante este escenario, Irán ha desarrollado una estructura operativa que permite a sus grupos aliados subsistir de manera relativamente autosuficiente, reduciendo la dependencia de los flujos de financiamiento centrales y garantizando al mismo tiempo el mantenimiento de su influencia a largo plazo. Teherán canaliza de forma directa los fondos derivados de este comercio ilícito para financiar actividades críticas, tales como la adquisición de armamento para sus fuerzas aliadas regionales, el pago de estipendios y la expansión de su influencia en diversas zonas de conflicto.

En América Latina, las redes vinculadas a Hezbolá y subordinadas a Irán cooperan estrechamente con organizaciones como las FARC y el ELN de Colombia para facilitar el tránsito y el lavado de activos provenientes de cargamentos de cocaína a través de múltiples regiones. Colombia se mantiene como el mayor productor mundial de cocaína, consolidándose como la fuente neurálgica para estas rutas de tráfico.

La cocaína es frecuentemente trasladada desde Colombia hacia Venezuela, donde la debilidad institucional y los nexos políticos facilitan su acopio y posterior despacho hacia África Occidental y Europa. Asimismo, las redes asociadas a Hezbolá instrumentalizan la Zona de la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay como un centro neurálgico para operaciones de contrabando y lavado de dinero. Uno de los mecanismos de blanqueo más sofisticados consiste en destinar los beneficios del narcotráfico a la compra de vehículos usados en los Estados Unidos, los cuales son posteriormente enviados a África Occidental para su reventa. Redes vinculadas al Líbano en dicha región transfieren las ganancias a través de canales financieros informales y casas de cambio conectadas con Hezbolá en el Líbano, permitiendo que estos ingresos ilícitos reingresen al sistema financiero bajo la apariencia de rentas empresariales legítimas.

Durante las últimas tres décadas, Irán ha respaldado de manera sostenida la red logística clandestina de narcotráfico establecida por Hezbolá en América Latina. Esta infraestructura opera principalmente bajo la supervisión del Ministerio de Inteligencia de Irán y del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, ejecutando sus actividades a través del entramado organizativo de Hezbolá. Teherán ha utilizado largamente a estas fuerzas proxy para operar desde las sombras en diversas modalidades de criminalidad transnacional. Sin embargo, a lo largo del tiempo, a medida que las sanciones occidentales se volvieron más rigurosas, la economía interna de Irán sufrió un progresivo debilitamiento. En este contexto, en lugar de remitir asignaciones presupuestarias directas, Irán comenzó a incentivar a sus grupos aliados a desarrollar fuentes de ingresos autosustentables, proceso en el cual el tráfico de drogas emergió como un flujo de recursos esencial.

Frente a este panorama, Irán ha venido estableciendo sucesivas legaciones diplomáticas en diversos países de América Latina, y bajo la cobertura de estas misiones formales, ha generado las condiciones óptimas para la expansión de las operaciones de Hezbolá y sus redes afiliadas.

El narcoimperio iraní se enfrenta actualmente a su mayor desestabilización estructural. Entre los aliados de Irán en América Latina, Venezuela era considerada la pieza más crítica, al servir como el principal nodo logístico para las operaciones de tráfico de drogas de Hezbolá. La organización operaba de forma intrínseca dentro del aparato de seguridad e inteligencia de la administración de Maduro, valiéndose de infraestructura estatal –incluidos puertos, bases aéreas y convoyes militares– para gestionar de forma autónoma el transporte de estupefacientes y el lavado de dinero. No obstante, el pasado dos de enero, los Estados Unidos procedieron al arresto del presidente venezolano Nicolás Maduro bajo cargos de narcotráfico y usurpación ilegal del poder, transfiriendo la autoridad institucional a Delcy Rodríguez.

Inmediatamente después, Washington inició un despliegue de máxima presión sobre la nueva administración, lo que ha sumido en la incertidumbre el futuro de las operaciones de Hezbolá en Venezuela. Al mismo tiempo, las agencias de inteligencia de los Estados Unidos se encuentran ejecutando operaciones directas más intensas en territorio venezolano, lo que incrementa sustancialmente el riesgo de captura de los cuadros de Hezbolá y coloca a su histórica red de narcotráfico al borde del desmantelamiento.

Inmóvil en la síntesis, la creciente presión de las sanciones internacionales está forzando a Irán a depender con mayor intensidad de los sistemas financieros criminales clandestinos y transnacionales para sostener sus objetivos geopolíticos y sus redes de intermediarios. Esta coyuntura evidencia que Teherán se está supeditando gradualmente a la economía ilícita, en particular al tráfico de drogas y a las redes logísticas de la sombra, con el fin de mitigar parcialmente la asfixia económica. Por consiguiente, si las sanciones impuestas a Irán no se flexibilizan en el futuro, es previsible que Teherán se incline aún más hacia las actividades delictivas y la economía subterránea, lo que tornará el escenario global considerablemente más complejo e inestable.

05:27

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