En este análisis se examina cómo Ucrania está transformando la doctrina bélica europea.
Tras haber proporcionado instrucción inicial a los efectivos ucranianos, la OTAN invita ahora de forma reiterada a Ucrania a participar en sus maniobras en calidad de fuerza de oposición (OPFOR). No obstante, la relación entre instructor y alumno difiere sustancialmente en la actualidad respecto al escenario vigente al inicio de la invasión de Ucrania.

Recientemente, la OTAN ha vuelto a convocar a Ucrania para actuar como OPFOR, y los resultados han superado nuevamente las expectativas. El rol de OPFOR implica simular fuerzas adversarias con el propósito de evaluar a las unidades de la OTAN bajo condiciones reales de combate. Durante las maniobras navales en Portugal, los equipos bajo mando ucraniano, empleando drones marítimos de fabricación nacional Magura V5, se impusieron en los cinco enfrentamientos contra convoyes de la OTAN, logrando aproximaciones furtivas reiteradas e impactos directos contra una fragata de la Alianza. Esto evidenció ante los mandos de la OTAN que incluso los buques con sistemas avanzados de sensores experimentan dificultades para detectar vectores no tripulados pequeños, veloces y de bajo perfil, una vulnerabilidad cuya magnitud no se había valorado plenamente hasta observar el despliegue de los operadores ucranianos. En el ámbito terrestre, las unidades de drones ucranianas demostraron una capacidad análoga para desarticular la planificación de la OTAN: un solo equipo neutralizó dos batallones de la Alianza en una sola jornada durante una simulación táctica, constatando el potencial que poseen los operadores de drones experimentados. Esta misma dinámica se replicó durante un adiestramiento en Gotland, donde el escenario tuvo que reiniciarse en múltiples ocasiones debido a que los operadores ucranianos destruyeron tal cantidad de vehículos y personal en la simulación que la continuación del ejercicio carecía de sentido operativo.

Resultados de esta índole explican por qué la OTAN continúa solicitando la participación ucraniana en futuros ejercicios, encontrándose ya en preparación nuevos despliegues de OPFOR. El hecho de que la OTAN recurra sistemáticamente a Ucrania para ejercer el papel de adversario evidencia una evolución institucional profunda en el seno de la Alianza, la cual está reorganizando activamente su adiestramiento y doctrina para modernizar sus fuerzas de cara a una guerra centrada en drones. Si bien Ucrania asumió inicialmente el rol de alumno, absorbiendo la doctrina occidental y adaptándola a sus necesidades operativas frente a Rusia, la OTAN reconoce hoy que tiene mucho que aprender de las fuerzas ucranianas curtidas en combate. En efecto, Ucrania ha librado y sigue librando el conflicto con mayor densidad de drones de la historia moderna, acumulando una experiencia forjada en años de desgaste y adaptándose a un ritmo superior al de cualquier ejército occidental en tiempos de paz. Esta creciente dependencia de la experiencia ucraniana conduce orgánicamente al siguiente paso: la Alianza recurre cada vez más a instructores ucranianos para transmitir estos métodos directamente al personal de la OTAN.

Esta inversión de roles impulsó a Ucrania a suspender el envío de soldados al extranjero para su formación básica, dado que los instructores occidentales carecen de experiencia en el combate moderno. En su lugar, los propios ucranianos asumieron las funciones de instrucción, siendo muchos de ellos veteranos de combate heridos en el frente que mantienen su compromiso de servir al país. Su bagaje posee un valor que ningún entorno de adiestramiento en tiempos de paz puede replicar, puesto que comprenden el comportamiento de los drones en condiciones meteorológicas reales, cómo las interferencias electrónicas distorsionan las señales y cómo improvisan las unidades de vanguardia. Fundamentalmente, desarrollaron estas capacidades bajo una densidad extrema de drones enemigos, un factor imposible de simular en otros escenarios. Estos veteranos instruyen actualmente tanto a sus propios reclutas como al personal de la OTAN con notables resultados, habiendo reconocido abiertamente las unidades británicas el beneficio derivado del conocimiento actualizado del frente que aportan los ucranianos. Como consecuencia, un regimiento británico ya ha reestructurado sus líneas de adiestramiento para que cada soldado se convierta en operador de drones siguiendo el modelo ucraniano, una reforma que mitiga paulatinamente las vulnerabilidades ante una eventual confrontación con Rusia.

Este desarrollo obliga a Rusia a replantear sus premisas sobre la preparación de la OTAN, dado que la experiencia rusa en Ucrania también le había otorgado una ventaja competitiva. De hecho, Moscú preveía que su superioridad en la experiencia de guerra con drones frente a la OTAN podría compensar parcialmente sus desventajas en volumen y tecnología. En cambio, se enfrenta ahora a una OTAN que se prepara activamente para la guerra de drones bajo el asesoramiento ucraniano. Para Rusia, esto constituye un grave problema estratégico, ya que la única ventaja compensatoria con la que contaba frente a la OTAN se está erosionando.

En conjunto, la decisión de la OTAN de asimilar las lecciones de Ucrania marca un punto de inflexión en la ecuación de poder y supone otro revés estratégico para Rusia, que verá reducida progresivamente su ventaja en la experiencia con sistemas no tripulados. En la práctica, la Alianza se prepara para futuros conflictos adoptando los métodos del único ejército que sostiene una guerra de drones a gran escala contra la propia Rusia. Entretanto, Ucrania se consolidará como un socio cada vez más integrado e indispensable para la OTAN. A medida que la vulnerabilidad de la Alianza en la guerra de drones se reduzca año tras año, Rusia se verá obligada a rediseñar su estrategia y planificación ante una hipotética confrontación, al no poder depender ya de dicha brecha operativa.


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