Los rusos entran en pánico: Ucrania lanza un devastador ataque anfibio con drones desde el mar

Jul 3, 2026
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En este video, analizaremos el ataque anfibio ucraniano contra la flecha del Kinburn.

En este sector, las fuerzas ucranianas están reconfigurando de manera sostenida el teatro de operaciones mediante el despliegue de vectores no tripulados que ejercen una presión constante sobre las posiciones rusas a lo largo de las flechas litorales y la línea costera en el suroeste de Ucrania. La intensificación de esta campaña está generando alarma en el mando ruso, donde aumenta el temor a que estas operaciones ucranianas constituyan la fase preparatoria de una ofensiva de mayor envergadura.

Registros videográficos publicados recientemente por fuentes ucranianas corroboran estos recelos del mando ruso; en uno de ellos se observa cómo un vehículo aéreo no tripulado Bayraktar destruye una embarcación rusa que intentaba transportar personal o pertrechos hacia la flecha de Tendra. Otro metraje muestra una lancha rápida rusa intentando explotar su ventaja de velocidad sin éxito, siendo neutralizada antes de alcanzar la orilla. Si bien el Bayraktar operó principalmente en tareas de reconocimiento durante los últimos dos años debido a la densidad de la defensa antiaérea rusa, los ataques sistemáticos ucranianos contra estaciones de radar y sistemas de defensa aérea han generado brechas operacionales crecientes, permitiendo que drones de mayor envergadura operen nuevamente en la proximidad inmediata de la línea de frente.

Simultáneamente, la 40.ª Brigada de Infantería de Marina de Ucrania ha desplegado vehículos navales no tripulados Barracuda, los cuales operan como plataformas móviles de lanzamiento de drones. Estos vectores facilitaron el transporte de drones FPV y bombarderos pesados empleados para batir puestos de observación, depósitos de municiones y nodos logísticos, tal como confirman los registros ucranianos. Asimismo, se constató el uso de otros drones Barracuda equipados con misiles antiaéreos para su autoprotección, lo que degrada aún más la capacidad rusa para contrarrestar sus operaciones. En combinación con una vigilancia ucraniana persistente, estas operaciones están comprometiendo de forma progresiva la sostenibilidad de las posiciones rusas a lo largo de la flecha de Tendra y las costas adyacentes.

Esta presión sostenida ha llevado a analistas militares rusos a conjeturar que Ucrania planifica una operación de un alcance muy superior a los ataques de hostigamiento con drones destinados a causar bajas y erosionar su despliegue general. Diversas fuentes de dicho entorno especulan crecientemente con que las fuerzas de operaciones especiales ucranianas están ensayando maniobras de desembarco en la península de Kinburn, citando ejercicios con embarcaciones y entrenamiento en el despliegue de cortinas de humo cerca del río Bug Meridional, en la aproximación al estuario del Dniéper-Bug. Según estas evaluaciones rusas, un contingente superior a los 2500 efectivos ucranianos, pertenecientes a diversas formaciones subordinadas al 30.º Cuerpo de Infantería de Marina, se habría concentrado en dicho vector operacional. Este dispositivo contaría con el apoyo de 46 embarcaciones, más de 100 lanchas neumáticas, al menos 9 drones navales, así como blindados adicionales y sistemas de artillería.

Ante el riesgo de que estos preparativos antecedan a una operación anfibia regular, las fuerzas rusas ejecutaron un ataque contra lo que catalogaron como una zona de concentración ucraniana a lo largo del río Bug Meridional, empleando 5 drones de la serie Geran para batir las instalaciones y terrenos de la base. Los analistas rusos señalaron que dicha acción buscaba desbaratar la operación ucraniana antes de su inicio, afirmando haber infligido daños a embarcaciones y material técnico, si bien no se dispone de confirmación visual que valide estas pérdidas.

El análisis militar ruso sostiene que el plan ucraniano para un asalto anfibio se desarrollaría en varias fases estrechamente coordenadas. Inicialmente, Ucrania realizaría un desembarco de diversión de alcance limitado en las inmediaciones de Pokrovske, empeñando una fuerza reducida con el propósito de tantear las defensas rusas y consolidar una cabeza de playa transitoria. El apoyo de fuego sería proporcionado por drones navales dotados de cohetes y vectores FPV operados tanto desde las embarcaciones de desembarco como desde posiciones continentales próximas. Una vez fijadas las defensas rusas, una fuerza de asalto principal de hasta 800 efectivos desembarcaría en otro sector del litoral con el objetivo de aislar las localidades circundantes antes de progresar hacia el límite administrativo entre las regiones de Jersón y Mykolaiv. Paralelamente, acciones secundarias en otros puntos de la costa buscarían dispersar la atención del mando ruso, mientras que drones navales ucranianos especializados de la clase Sargan procederían a la neutralización de los campos de minas que protegen las playas.

El factor que otorga mayor verosimilitud a estos temores rusos en la actualidad es la alteración en el balance de capacidades relativas. Analistas militares rusos de relieve argumentan que sus líneas logísticas en el sur de Ucrania bajo control ruso se encuentran sometidas a una intensa presión por parte de las fuerzas ucranianas, al tiempo que la reducida distancia de tres kilómetros y medio entre Ochákov, bajo control ucraniano, y la península de Kinburn facilita la ejecución de operaciones anfibias. Asimismo, destacan que Ucrania dispone ahora de un volumen sustancialmente mayor de drones navales y aéreos, cuyas variantes actuales son capaces de proporcionar misiones de reconocimiento, apoyo de fuego, ataques de precisión e incluso evacuación de bajas y sostenimiento logístico durante el desarrollo de la operación. Añaden que, en paralelo, las campañas ucranianas de ataques con drones de alcance medio continúan degradando depósitos de combustible, nodos logísticos e infraestructura en la retaguardia profunda rusa, comprometiendo la capacidad de respuesta oportuna de sus fuerzas armadas.

En líneas generales, aun si las sospechas rusas no llegan a materializarse, el impacto psicológico de la campaña de drones de Ucrania es ya evidente. Esta dinámica ha forzado al mando ruso a adoptar una postura netamente defensiva, alimentando el recelo de que cada puesto de observación, embarcación logística o estación de radar destruida constituye la preparación del terreno para una futura cabeza de puente. De prolongarse esta actividad ucraniana, cualquier fuerza rusa aislada en la línea costera afrontará crecientes dificultades para recibir refuerzos y suministros. Incluso en ausencia de un desembarco inmediato, Ucrania ha logrado el objetivo estratégico de obligar a Rusia a distraer una atención y unos recursos considerables en previsión del mismo.

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