Estonia en shock: 10 pilotos de drones aniquilan a 200 soldados y 20 blindados de la OTAN en solo 6 horas.
El equilibrio de poder en el noreste de Europa ya no depende únicamente del número de tropas o brigadas blindadas, sino de cómo las fuerzas sobreviven bajo una vigilancia constante y ataques de precisión. Para la región báltica, la disuasión se basa en la premisa de que las formaciones de la OTAN pueden desplegarse, maniobrar y luchar antes de ser desmanteladas desde el aire. Esa premisa se está poniendo a prueba frente a las realidades de un campo de batalla saturado de drones, moldeado por la guerra en Ucrania. Los ejercicios destinados a tranquilizar a los aliados están dejando al descubierto brechas incómodas entre la doctrina y el combate moderno. En este contexto, los acontecimientos en Estonia han obligado a la OTAN a enfrentarse a lo vulnerables que pueden ser incluso las grandes formaciones en la fase inicial de un conflicto. La pregunta ya no es si la alianza respondería, sino si podría hacerlo lo suficientemente rápido antes de perder su eficacia de combate.

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