Ministros rusos dan la voz de alarma al unísono: amenazan con desatar todo el "poderío" de Rusia.
La confrontación entre Rusia y Occidente se está desplazando del maniobreo diplomático hacia la presión directa sobre las arterias que mantienen viva la economía rusa. Para Moscú, la premisa de que la aplicación de las sanciones seguiría siendo indirecta y negociable se está rompiendo. Acciones que antes se gestionaban mediante mecanismos legales e intermediarios ahora se ejecutan cada vez más a través del control físico y la presencia coercitiva en el mar. Este cambio no se interpreta en la Federación Rusa como una política rutinaria de sanciones, sino como una escalada deliberada que cierra el espacio para el compromiso. A medida que colapsan las expectativas de alivio, los funcionarios rusos están reformulando el conflicto como una traición en lugar de una negociación. El resultado es una fase más volátil en la que la presión económica, la vigilancia marítima y la retórica bélica se refuerzan mutuamente en lugar de servir como herramientas de desescalada.

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