Rumania expande sus bases militares para revitalizar la fuerza acorazada ucraniana.
En la guerra industrial moderna, la capacidad de regenerar el poder de combate se ha vuelto tan decisiva como la capacidad de destruirlo. A medida que la attrición se intensifica, las guerras se ganan cada vez más no solo en el frente, sino también en los corredores de reparación que determinan la rapidez con la que las bajas vuelven al servicio. Para Ucrania, mantener el impulso blindado depende ahora de si los vehículos dañados desaparecen permanentemente del combate o regresan a él. Esto ha desplazado el peso estratégico hacia los estados vecinos que pueden absorber la carga de reparaciones sin exponer infraestructura crítica a ataques directos. En este contexto, el creciente papel de Rumanía marca la transición del apoyo logístico a la participación directa en la regeneración de las fuerzas ucranianas. Ante este panorama, las pérdidas de blindados dejan de ser puntos finales para convertirse en variables dentro de un sistema diseñado para evitar que el agotamiento en el campo de batalla se traduzca en un colapso operativo.

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