Los rusos sufren un caos total de mando, mientras las redes de comunicación son desconectadas.
Los combates en la dirección de Zaporiyia destacan lo frágil que se ha vuelto el control ruso del frente bajo presión sostenida y con un conocimiento situacional degradado. En este sector, la percepción importa casi tanto como la fuerza, ya que las decisiones del mando ruso se ven cada vez más condicionadas por informes distorsionados y el miedo a rupturas repentinas. Las acciones limitadas ucranianas pueden generar así efectos desproporcionados, no mediante ataques masivos, sino explotando las brechas en comunicación, coordinación y confianza. La dinámica del campo de batalla se está desplazando hacia un escenario donde el despeje, el reconocimiento y la presión sobre la retaguardia pueden desestabilizar a un oponente que depende de afirmaciones exageradas de control. Esto crea un bucle de retroalimentación peligroso para los comandantes rusos, donde pequeños contratiempos se interpretan como un colapso sistémico. En este contexto, el frente de Zaporiyia se centra menos en ofensivas deliberadas y más en probar cuán rápido se desmorona una estructura de mando sobreextendida al enfrentarse con la realidad.

0 Comentarios