Los drones rusos pierden su guía después de que se cortó abruptamente el acceso a Starlink en Ucrania.
La guerra moderna en Ucrania está cada vez más determinada por el acceso a infraestructura basada en el espacio, más que por el número de plataformas en el campo de batalla. El control de la conectividad satelital se ha convertido en una capa decisiva de poder, determinando qué bando puede extender su alcance, precisión y resiliencia bajo la presión de la guerra electrónica. Las operaciones rusas han sufrido durante mucho tiempo una debilidad estructural en este ámbito, obligando a depender de sistemas externos para compensar las lagunas de sus propias capacidades. Esta dependencia creó una apertura temporal, pero también un único punto de fallo que podía ser explotado una vez identificado. Por lo tanto, la lucha por el acceso a los satélites refleja un conflicto más amplio sobre quién controla los habilitadores invisibles del combate moderno. En este contexto, los desarrollos recientes muestran qué tan rápido puede colapsar una ventaja percibida cuando se basa en una infraestructura fuera del control nacional.

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