El déficit presupuestario ruso acaba de alcanzar billones, creando una enorme brecha presupuestaria en tiempos de guerra.
La creciente presión financiera comienza a revelar el verdadero costo del prolongado esfuerzo bélico de Rusia. Lo que antes se presentaba como una carga manejable ahora choca con los límites estrictos de las finanzas estatales y la capacidad económica. Años de gasto militar sostenido están agotando las reservas más rápido de lo que pueden reponerse, mientras que las fuentes de ingresos se debilitan bajo sanciones y distorsiones provocadas por la guerra. El desequilibrio ya no es temporal ni cíclico, sino estructural, vinculando la supervivencia del presupuesto directamente a la continuación del conflicto. A medida que aumenta la presión fiscal, los compromisos entre financiamiento de la guerra y estabilidad interna se vuelven imposibles de ocultar o posponer. Esta realidad emergente convierte al presupuesto ruso en una vulnerabilidad estratégica, moldeando las decisiones políticas tanto como los resultados en el campo de batalla.

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