El parlamento ruso llama abiertamente a poner fin a la guerra fallida en Ucrania.
Rusia está entrando en una fase de la guerra en la que la estasis en el campo de batalla comienza a traducirse en presión política interna. La brecha entre las narrativas oficiales de una victoria inevitable y la realidad visible de desgaste, aislamiento y fracaso se vuelve cada vez más difícil de ocultar. Lo que antes existía como dudas privadas entre los ciudadanos y análisis discretos en línea está cada vez más filtrándose en las instituciones formales. El sistema del Kremlin se basa en la apariencia de unanimidad, pero una guerra prolongada sin resultados decisivos erosiona esa base con el tiempo. A medida que las pérdidas se acumulan y los objetivos no se cumplen, la lealtad se vuelve condicional en lugar de automática. Este entorno crea las condiciones en las que incluso los espacios políticos estrictamente controlados comienzan a filtrar verdades que el sistema estaba diseñado para suprimir.

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