Alemania, Francia, Italia y España comienzan a abordar y confiscar barcos rusos
Durante gran parte de la guerra, el régimen de sanciones de Europa se ha basado en presión legal y restricciones financieras, evitando la confrontación directa en el mar. Esto creó una zona gris donde el petróleo y la carga rusa todavía podían moverse, explotando vacíos jurisdiccionales, una aplicación cautelosa y la suposición de que abordar barcos implicaba riesgos de escalada. Con el tiempo, este entorno permisivo permitió que la flota en la sombra normalizara su presencia en aguas europeas, tratando las sanciones más como un inconveniente administrativo que como una barrera física. Lo que está cambiando ahora no es el marco legal, sino la disposición de Europa para operacionalizarlo. Cuando la aplicación pasa del papeleo a los cascos, cubiertas y puertos, la ecuación para el transporte sancionado cambia de inmediato. Europa parece estar pasando de la disuasión por amenaza a la disuasión por acción, probando si Rusia está dispuesta o es capaz de disputar el control de sus rutas de acceso marítimas.

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