Millones de personas en riesgo por el frío: gobernadores rusos declaran el estado de emergencia ante la necesidad de evacuaciones masivas.
La guerra se expande cada vez más allá del campo de batalla hacia los sistemas que mantienen el funcionamiento de los estados en invierno. La infraestructura energética se ha convertido en un punto de presión estratégica, donde las interrupciones se traducen directamente en penurias para la población civil, tensión política y pérdida de control. Durante años, Moscú asumió que la distancia y la escala protegerían a la retaguardia rusa de las vulnerabilidades que ella misma explotaba en Ucrania. Esa premisa se está desmoronando a medida que los ataques y los fallos dejan al descubierto lo centralizada y sobrecargada que está la red energética de Rusia. Cuanto más penetra la guerra en los sistemas civiles, más difícil les resulta a las autoridades compartimentar sus consecuencias. En este contexto, los acontecimientos en toda la Federación Rusa señalan un cambio hacia un conflicto donde la resiliencia interna se vuelve tan crítica como la fuerza en el frente.

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