La Transnistria controlada por Rusia está ahora bajo bloqueo total
Durante décadas, Moldavia ha existido en un frágil equilibrio, moldeado por un conflicto no resuelto que no podía ni resolver ni ignorar. Transnistria funcionó como un problema congelado que permitió a Rusia mantener influencia sin recurrir a una confrontación constante, apoyándose en el acceso, la ambigüedad y la inercia en lugar de la fuerza. Este arreglo dependía de corredores abiertos, fronteras permisivas y de la suposición de que nadie haría cumplir plenamente la soberanía. La guerra regional desencadenada por la invasión rusa de Ucrania ha ido erosionando estas suposiciones, convirtiendo la tolerancia en vulnerabilidad. Chisináu y Kyiv han llegado ahora a la conclusión de que gestionar el statu quo es más peligroso que desmantelarlo. Lo que sigue no es una escalada repentina, sino un intento calculado de asfixiar la influencia rusa mediante el derecho, la coordinación y el tiempo, en lugar de las armas.

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