El destino humillante de las fuerzas rusas en Venezuela
La presencia de Rusia en Venezuela fue durante mucho tiempo presentada como prueba del alcance global de Moscú y de su lealtad hacia sus socios bajo presión. Sin embargo, detrás de la retórica, esa presencia se apoyaba en la conveniencia, en figuras relegadas y en un riesgo político mínimo más que en un compromiso genuino. A medida que la guerra en Ucrania agotaba recursos y atención, las alianzas distantes se volvieron cada vez más transaccionales y prescindibles. Venezuela, a pesar de años de declaraciones estratégicas, fue tratada menos como un socio vital y más como un puesto periférico gestionado con bajo coste. Esta dinámica creó una estructura de seguridad frágil construida más sobre las apariencias que sobre la determinación. Cuando la presión externa finalmente alcanzó su punto máximo, la brecha entre las promesas rusas y las acciones rusas se volvió imposible de ocultar.

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