Ucrania excava bajo tierra para sobrevivir a los drones y ataques aéreos rusos en el frente

Sep 19, 2026
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Las fuerzas rusas han recurrido de manera creciente al uso de KAB, o bombas aéreas guiadas, para proyectar una elevada potencia explosiva sobre las posiciones defensivas ucranianas. Gran parte de este armamento se basa en bombas no guiadas de la serie FAB de la época soviética, equipadas con kits de planeo y guiado, lo que transforma simples bombas de caída libre en municiones de ataque a distancia fuera del alcance defensivo (stand-off). La principal ventaja radica en que la aviación rusa puede efectuar los lanzamientos desde distancias considerables, reduciendo significativamente la necesidad de adentrarse en los sectores más peligrosos del espacio aéreo ucraniano.

Esta circunstancia confiere a las KAB una notable eficacia contra posiciones fortificadas y otros objetivos de alta resistencia difíciles de neutralizar mediante armamento de menor calibre. Su creciente empleo operativo se ve sustentado por la capacidad industrial de Rusia para producir y modificar volúmenes masivos de municiones a costes relativamente reducidos. Diversos informes analíticos señalan que el empleo de bombas de planeo por parte de Rusia alcanzó niveles récord de casi ocho mil unidades lanzadas en marzo de dos mil veintiséis, lo que demuestra que las KAB se han consolidado como un componente central en la doctrina rusa para ejercer una presión de desgaste sostenida sobre las líneas defensivas ucranianas.

A pesar de la efectividad operativa de los drones FPV contra personal y medios blindados o de transporte, estos sistemas no pueden sustituir integralmente a las KAB en el asalto a líneas defensivas fuertemente fortificadas. Su limitación estructural fundamental reside en la reducida carga explosiva útil que transportan en comparación con una bomba guiada pesada. Si bien un FPV permite la destrucción de un objetivo puntual concreto, carece del poder destructivo necesario para colapsar posiciones fortificadas, accesos a instalaciones subterráneas o redes complejas de trincheras. Asimismo, la operatividad de los FPV está condicionada por su alcance táctico limitado y la vulnerabilidad de sus enlaces de mando y control.

Las KAB ofrecen una capacidad operacional cualitativamente distinta, al permitir la proyección de ojivas de gran potencia destructiva desde distancias de seguridad. Por consiguiente, ambos sistemas operan como vectores complementarios dentro del esquema táctico, descartando que los FPV constituyan un reemplazo absoluto de la capacidad de bombardeo aéreo de saturación.

Ante la imposibilidad práctica de interceptar la totalidad de las KAB entrantes, la contrapartida estratégica más eficaz para Ucrania consiste en incrementar la resiliencia estructural de los objetivos para dificultar su neutralización. Las KAB resultan altamente destructivas frente a trincheras al descubierto, búnkeres de superficie y edificaciones; sin embargo, su precisión terminal no garantiza un impacto directo sistemático sobre cada posición individual. Las evaluaciones del alto mando ucraniano estiman el error circular probable (CEP) en un margen de diez a quince metros en condiciones estándar, margen que se amplía sustancialmente ante el empleo de medidas de guerra electrónica.

Esta dinámica establece una distinción doctrinal crítica entre la devastación de un sector defensivo y la neutralización efectiva de la fuerza que lo ocupa. Un impacto cercano puede inutilizar una posición de campaña somera, mientras que una infraestructura subterránea provista de suficiente cizallamiento y profundidad permite la supervivencia del personal, aun cuando este sufra traumatismos por onda expansiva. Dado que un impacto directo mantiene un potencial catastrófico, la protección bajo tierra no otorga invulnerabilidad absoluta; su valor táctico reside en reducir sensiblemente la probabilidad de que un solo vector elimine simultáneamente al personal y la capacidad operativa interna. En consecuencia, los puestos de mando, las dotaciones y los ejes de maniobra pueden replegarse bajo cota cero, capacitando a la línea defensiva para absorber el fuego de saturación sin perder su capacidad de combate sostenido.

En terrenos abiertos y masas forestales, esta adaptación origina un dispositivo defensivo escalonado en profundidad donde la presencia en superficie adopta un carácter crecientemente temporal. La permanencia en trincheras y pozos de tirador sigue siendo indispensable para la observación táctica y la repulsa de asaltos, pero el personal extiende su permanencia en pozos de abrigo o galerías subterráneas, emergiendo únicamente según requerimientos operacionales. Las cubiertas vegetales ofrecen enmascaramiento para los accesos y desplazamientos, si bien resultan insuficientes para proteger las posiciones frente al reconocimiento aéreo continuo y los ataques sistemáticos.

Por tanto, la ventaja decisiva no estriba únicamente en el enmascaramiento, sino en la mitigación de la exposición directa a la onda expansiva y la sobrepresión. En entornos urbanos, este principio alcanza su máxima expresión debido a que los sótanos y las redes subterráneas preexistentes proporcionan un mayor espesor de protección física e ingeniería estructural. Asimismo, la edificación urbana permite una distribución vertical de la defensa, superando la concentración exclusiva a nivel de rasante. Este factor adquiere especial relevancia frente a las KAB, puesto que la capacidad rusa para colapsar estructuras sobre rasante no implica la neutralización del personal parapetado en los niveles inferiores. Como resultado, el espacio de batalla se tridimensionaliza: la fuerza atacante rusa domina la superficie mediante una abrumadora densidad de fuego, mientras la defensa ucraniana preserva su capacidad combativa en la capa subterránea.

En síntesis, el rendimiento operativo de las KAB no radica en una precisión quirúrgica sobre cada objetivo, sino en la combinación sistemática de ojivas de gran tonelaje, proyección stand-off y empleo masivo, lo que permite a Rusia degradar de forma recurrente las infraestructuras defensivas expuestas. La respuesta doctrinal ucraniana no busca articular una línea inexpugnable, sino desvincular el volumen de bombardeo del índice de bajas mediante la transferencia de funciones críticas al subsuelo. Esta adaptación altera el propósito funcional de los ataques aéreos rusos: si bien la destrucción de la infraestructura de superficie se simplifica, la conversión de dicha destrucción en una neutralización definitiva de las fuerzas ucranianas resulta crecientemente compleja. Se configura así una contienda de adaptación asimétrica donde Rusia busca elevar la escala destructiva y el ritmo de empleo de las KAB, mientras Ucrania procura situar el grueso de su masa combativa fuera del radio de acción letal de estas municiones.

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