Putin fija para 2026 un objetivo estratégico: provocar el colapso de la OTAN y de la Unión Europea

Sep 1, 2026
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Según trascendió, Vladímir Putin comunicó a altos mandos militares y de los servicios de inteligencia rusos a finales de 2025 que uno de los objetivos estratégicos de Moscú para 2026 consistía en provocar el colapso de la OTAN y de la Unión Europea desde su interior. Durante dicha sesión informativa a puerta cerrada, el mandatario ruso trazó directrices para instrumentalizar las fracturas políticas y sociales en los países occidentales, contradiciendo de manera directa sus desmentidos públicos sobre una eventual amenaza rusa para Europa.

Estas instrucciones coincidieron con el rechazo público por parte de Putin a las advertencias occidentales sobre la amenaza rusa contra el continente, incluidas las preocupaciones relativas a acciones de guerra híbrida, sabotajes y provocaciones a gran escala dirigidas contra infraestructuras críticas en Polonia y los Estados bálticos. Sin embargo, en el plano operacional, Rusia preparaba dispositivos orientados a erosionar la OTAN y la Unión Europea desde dentro, habiendo encomendado Putin la ejecución de dichas tareas a sus estamentos de seguridad.

A fin de desplegar con éxito esta estrategia en el plano europeo, el Kremlin requería validar sus tácticas a menor escala, función que asumió la República de Moldavia como campo de pruebas experimental. La comunidad de inteligencia occidental considera el control sobre Moldavia como una prioridad estratégica prioritaria para Moscú tras Ucrania, debido principalmente a la posición geopolítica del país entre el teatro ucraniano y el territorio de la OTAN. Por consiguiente, Moldavia constituye un objetivo clave en tanto Putin persigue la anexión de territorio en el sur de Ucrania con miras a consolidar un corredor terrestre que conecte la Federación de Rusia con Moldavia. Dado que en la actualidad Moscú carece de las capacidades militares necesarias para proyectar dicho corredor, ha derivado sus esfuerzos hacia la guerra política e híbrida en territorio moldavo.

En la coyuntura actual, Moscú busca desestabilizar al gobierno proeuropeo de Chisináu y sentar las bases para la instauración de una dirección política afín al Kremlin. La campaña de injerencia electoral abarca ciberataques, operaciones de desinformación destinadas a desacreditar a los candidatos proeuropeos, compra de votos y financiación ilícita de actores políticos pro-Kremlin, así como el reclutamiento de redes activistas prorrusas.

Moscú ha estructurado asimismo redes operativas capacitadas para movilizar protestas masivas y potencialmente desencadenar disturbios violentos. De acuerdo con fuentes de los servicios de seguridad moldavos e inteligencia occidental, instructores vinculados a la inteligencia militar rusa organizaron campos de instrucción en Bosnia y Herzegovina, Serbia y la propia Rusia. Los efectivos habrían recibido adiestramiento en el empleo de armamento, confección de artefactos incendiarios y pilotaje de drones, con la finalidad de instrumentalizar dichas capacidades en Moldavia para alterar el orden público y boicotear los procesos electorales. El dispositivo se apoya además en una amplia infraestructura de colaboradores remunerados sobre el terreno. Decenas de miles de activistas fueron captados y retribuidos mediante canales de Telegram para secundar las movilizaciones, articular campañas contra la presidenta Maia Sandu y oponerse al proceso de adhesión a la Unión Europea. Gran parte de este entramado se articula en torno al oligarca moldavo Ilan Shor, quien opera desde territorio ruso financiando las operaciones contra el Ejecutivo proeuropeo de Moldavia.

En paralelo, Moscú ejerce coerción indirecta sobre Moldavia a través del conflicto en la vecina Ucrania. Incursiones de drones rusos alcanzaron líneas de alta tensión ucranianas que abastecen a Moldavia, mientras que un ataque próximo a la frontera provocó la contaminación del río Dniéster, alterando el suministro de agua potable en territorio moldavo. Ello proporciona a Rusia un vector adicional de desestabilización para presionar a las autoridades de Chisináu sin recurrir a una agresión militar directa. En conjunto, en lugar de una conquista militar sobre Moldavia, Rusia persigue minar sus instituciones, fracturar el tejido social, debilitar la posición del gobierno proeuropeo y propiciar las condiciones para una toma del poder por vías políticas por parte de fuerzas afines.

No obstante, la campaña rusa no logró alcanzar su objetivo político fundamental, dado que en las elecciones parlamentarias de 2025 la formación política de Maia Sandu revalidó su mayoría gubernamental. Con ello, Sandu mantuvo la trayectoria de integración europea de Moldavia en paralelo a Ucrania y demostró la viabilidad de contener la influencia rusa, si bien Moscú mantiene inalterados sus intentos de injerencia. A pesar de que Moldavia no está integrada en la OTAN ni en la Unión Europea, este patrón de injerencia rusa sirve como modelo de cómo Moscú podría intentar debilitar al conjunto de Europa y erosionar los liderazgos políticos occidentales sin agredir directamente a la Alianza, manteniendo el conflicto por debajo del umbral del enfrentamiento militar directo.

En definitiva, la dinámica en Moldavia evidencia el valor estratégico de la guerra híbrida para la Federación de Rusia, al permitirle erosionar la estabilidad política y la capacidad decisoria de un Estado sin asumir los riesgos inherentes a un enfrentamiento militar abierto. Al sostener sus operaciones por debajo de la línea divisoria de la guerra convencional, Rusia puede generar progresivamente vulnerabilidades institucionales ante presiones externas e inestabilidad interna. Moldavia constituye por lo tanto una advertencia sobre la adaptabilidad de estos métodos para explotar las fisuras internas dentro de los Estados miembros de la OTAN y la Unión Europea. Para la arquitectura de seguridad europea, esto exige neutralizar la financiación exterior opaca, blindar los procesos electorales y los sistemas cibernéticos, y desarticular las redes de intermediación antes de que la desestabilización política degenere en una crisis de seguridad sistémica.

05:33

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