Sin vuelta atrás: Lukashenko acaba de cometer un grave error que puede costarle a Bielorrusia

Jul 21, 2026
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Bielorrusia ha traspasado oficialmente la línea roja, contraviniendo el reciente acuerdo alcanzado con Ucrania e involucrándose en la campaña rusa de ataques con drones de largo alcance al facilitar infraestructura de retransmisión en su territorio para el guiado en tiempo real de vehículos aéreos no tripulados Shahed.

El indicio más reciente se produjo a raíz de un ataque con un dron Shahed impulsado por turborreactor y guiado por cámara contra la localidad ucraniana de Malyn. El análisis de la trayectoria de vuelo de la aeronave demuestra que maniobró en estrecha proximidad a la frontera bielorruso-ucraniana antes de desviarse a lo largo de una carretera hacia Korosten y seguir posteriormente una vía férrea en dirección directa a su objetivo. Esta precisión de navegación sugiere de manera concluyente un control continuo por parte del operador en lugar de un mero trayecto preprogramado por GPS. Dado que el objetivo se encontraba a unos doscientos sesenta kilómetros de la frontera rusa, mantener un enlace de radio directo exclusivamente desde territorio ruso habría sido técnicamente inviable, puesto que no operaban en las inmediaciones drones de retransmisión aérea de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia.

Por consiguiente, la única explicación viable radica en la presencia de estaciones terrenas de retransmisión dentro del territorio bielorruso, las cuales amplían el alcance de las comunicaciones y permiten a los operadores modificar los rumbos en tiempo real para eludir los sistemas de defensa antiaérea ucranianos, maniobrar frente a drones interceptores en combates aéreos no tripulados y corregir el impacto sobre el blanco. Sin esta red de repetidores, los vectores Shahed quedarían limitados a puntos de ruta predeterminados, lo que reduciría drásticamente su flexibilidad operativa y facilitaría su interceptación.

Este acontecimiento se produce después de que el presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, recibiera una advertencia explícita por parte de Kiev, cuando el presidente Volodímir Zelenski exigió el desmantelamiento de cualquier infraestructura de apoyo al guiado de drones rusos, advirtiendo de que Ucrania neutralizaría dicha red directamente de no mediar una acción bielorrusia. Posteriormente, fuentes oficiales ucranianas señalaron la identificación de aproximadamente quinientos objetivos de carácter militar dentro de Bielorrusia en caso de persistir la asistencia operativa a Moscú. A raíz de ello, Lukashenko cedió inicialmente a la coacción suspendiendo el funcionamiento de los repetidores, para verse forzado ahora por la Federación de Rusia a revertir su decisión.

Las recientes campañas ucranianas de ataques en profundidad contra territorio ruso demuestran que tales advertencias poseen un peso operativo real, dado que Ucrania ha llevado a cabo de forma recurrente incursiones masivas compuestas por hasta mil vectores no tripulados de largo alcance en una sola noche, alcanzando simultáneamente objetivos en Moscú, Crimea y otras regiones alejadas, saturando de forma efectiva las densas redes de defensa antiaérea rusas.

Bielorrusia carece de un sistema defensivo multicapa comparable al ruso; con un inventario limitado de sistemas S-300, escasas baterías S-400, así como complejos Buk, Tor, Pantsir y una flota de aviación de caza envejecida, enfrentaría severas dificultades ante ataques de saturación masiva ucranianos. Asimismo, la proximidad geográfica con el norte de Ucrania reduce drásticamente los tiempos de reacción, dejando un margen de apenas unos minutos para detectar, clasificar e interceptar vectores de vuelo bajo y alta velocidad antes de que alcancen infraestructuras críticas.

Al mismo tiempo, provocar una respuesta militar ucraniana contra Bielorrusia podría alinearse con los intereses estratégicos globales de Moscú. Es casi certero que el restablecimiento de los repetidores responde a presiones directas del Kremlin, a pesar de conocer las advertencias de Kiev y las consecuencias para Bielorrusia. Rusia busca que, si Ucrania se ve obligada a reorientar parte de sus capacidades de ataque a gran distancia hacia la infraestructura militar y de comunicaciones en Bielorrusia, disminuya la presión operativa sobre su propio territorio. En la práctica, Bielorrusia actuaría como un escudo táctico, absorbiendo la respuesta ucraniana mientras Rusia gana un tiempo valioso para reponer reservas de interceptores y reorganizar su arquitectura defensiva.

No obstante, esta estrategia podría resultar ineficaz, dado que Ucrania dispone de un abanico operativo mucho más amplio que los ataques directos con drones. La neutralización de las estaciones de retransmisión, los nodos de mando y la infraestructura de apoyo en suelo bielorruso no requiere necesariamente incursiones aéreas de gran envergadura. Operaciones ciberespaciales, guerra electrónica, sabotajes o la inserción de fuerzas de operaciones especiales tras las líneas enemigas podrían inutilizar estas redes sin consumir activos de ataque de largo alcance, especialmente en un momento en que Ucrania estructura una rama especializada de Fuerzas Ciberespaciales dentro de sus Fuerzas Armadas, dotada de infraestructura de investigación dedicada.

Dicho enfoque permitiría a Ucrania sostener el grueso de su campaña de bombardeos contra las instalaciones petroleras, los nodos logísticos y la infraestructura militar rusa, degradando simultáneamente el apoyo bielorruso mediante acciones encubiertas. Lejos de verse obligada a elegir entre el frente ruso o el bielorruso, Ucrania cuenta con una serie de instrumentos complementarios capaces de ejecutarse en paralelo, negando a Moscú el margen de maniobra estratégico que pretende obtener al involucrar aún más a Bielorrusia en el conflicto.

En conjunto, Ucrania ha diseñado planes de contingencia para diversos escenarios, y la divulgación pública de que se han fijado unos quinientos objetivos prioritarios en Bielorrusia evidencia una planificación operativa previa a cualquier escalada. Dado que Bielorrusia vuelve a prestar su infraestructura para facilitar los ataques rusos con drones, Lukashenko ha rebasado la línea roja fijada por Kiev semanas atrás. Ya sea mediante incursiones aéreas de largo alcance, ciberataques, sabotajes o misiones de operaciones especiales, la realidad estratégica es inequívoca: Minsk ha incrementado deliberadamente su implicación en la agresión rusa y existen muy pocos indicios de que Kiev vaya a dejar dicha acción sin respuesta.

06:18

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