En este vídeo analizaremos cómo las falsas afirmaciones rusas culminaron en el mayor desastre operativo del año.
Actualmente, Moscú sostiene que la ciudad de Kostiantynivka ha sido capturada y que las líneas de defensa ucranianas han sido superadas. No obstante, la acumulación de bajas rusas y las peticiones de alto el fuego por parte de sus efectivos sugieren una realidad operacional totalmente distinta, dado que Ucrania ha articulado una respuesta contundente ante la desinformación del Kremlin.

Altos cargos de la administración rusa han asegurado que hasta el noventa y seis por ciento de Kostiantynivka se encuentra bajo control de sus fuerzas, presentando como evidencia grabaciones coreografiadas con el izado de banderas en los distritos septentrionales para simular el colapso de las unidades ucranianas en el sector. Sin embargo, el material audiovisual de las Fuerzas Armadas de Ucrania refuta esta narrativa: registros geolocalizados demuestran que las tropas ucranianas mantienen operaciones activas en las zonas norte, centro y sur de la localidad, mientras persisten combates urbanos de alta intensidad. Pese a ello, las fuentes oficiales rusas insisten en que solo restan reductos ucranianos aislados en sótanos y áreas periféricas, cuya neutralización consideran inminente. A pesar de estas declaraciones, los propios analistas militares rusos ya equiparan el anuncio de la toma de Kostiantynivka con la falsa captura de Kúpiansk en noviembre del año pasado. Estas dudas quedan confirmadas por los registros de la artillería rusa, que muestran bombardeos activos sobre posiciones ucranianas en sectores que el mando militar ruso asegura controlar por completo.

Las repercusiones superan el mero descontento interno en los canales rusos. Como respuesta a las proclamas del Kremlin, las fuerzas ucranianas han intensificado masivamente sus fuegos de contrabatería y bombardeos sobre las posiciones rusas. Imágenes geolocalizadas muestran a un MiG-29 ucraniano destruyendo una estructura empleada como base de drones rusa, mientras que un Mirage 2000 ucraniano batió una subestación eléctrica donde la infantería rusa se concentraba para lanzar nuevos asaltos. La artillería ucraniana castiga de manera continua las edificaciones utilizadas como refugios de infiltración, mientras que drones de bombardeo pesado, FPV y plataformas de reconocimiento monitorizan cada eje de aproximación y baten cualquier vector de movimiento.
Como consecuencia, la prematura declaración de victoria por parte de Rusia ha agravado el desastre táctico, obligando al mando ruso a proyectar oleadas masivas de nuevos efectivos de infiltración hacia la vanguardia. Al igual que ocurrió en los alrededores de Kúpiansk, los comandantes rusos se enfrentan a una presión política desmedida para alinear la realidad operativa con sus narrativas simbólicas de éxito, enviando tropas al frente con el único fin de sostener la ficción de que la ciudad está bajo control ruso. En su lugar, los sistemas de drones, la artillería y la aviación ucraniana hostigan a estos elementos mientras se desplazan entre las ruinas, intentan consolidar posiciones o aguardan órdenes operativas.

La evidencia más irrefutable de la situación real en el terreno proviene de las propias filas rusas: el metraje filmado por un soldado de asalto ruso muestra su avance a lo largo de lo que se ha convertido en una auténtica ruta de la muerte. Decenas de cadáveres de combatientes rusos yacen a escasos metros entre sí, acumulados a ambos lados del acceso a Kostiantynivka. Los accesos y las calles de la urbe se están transformando en un cementerio donde las fuerzas de infiltración rusas carecen de cobertura frente a los ataques de precisión de los drones ucranianos.
El volumen de bajas ha alcanzado tal gravedad que el Ministerio de Defensa de la Federación Rusa ha solicitado a Ucrania el cese de los bombardeos sobre la ciudad. El argumento oficial ruso es el cese del fuego ucraniano para supuestamente proceder a la evacuación de civiles y la recuperación de bajas. No obstante, el vector estratégico real es que un alto el fuego desactivaría precisamente el sistema de búsqueda y ataque ucraniano que impide a Rusia consolidar el control sobre Kostiantynivka. El pretexto humanitario enmascara una súplica indirecta para detener el fuego sobre sus mermadas tropas, cuyas posiciones de avanzada comienzan a desmoronarse debido al desgaste severo.

Esta postura resulta particularmente cínica, dado que el mando ruso no planteó ningún cese de hostilidades mientras sus bombas y drones arrasaban Kostiantynivka al inicio del asedio. Fue Ucrania la que gestionó las evacuaciones de la población civil, comprometiendo sus escasos vehículos blindados bajo un riesgo extremo para extraer a los residentes. Fueron las tripulaciones ucranianas las que tuvieron que neutralizar los drones emboscados rusos en las rutas de evacuación de Kostiantynivka, mientras los operadores rusos atacaban indiscriminadamente cualquier vector de movimiento, sin distinguir entre convoyes militares o civiles. Solo cuando las bajas rusas comenzaron a acumularse de forma insostenible, sus mandos apelaron a Ucrania en busca de una pausa operativa.

En términos generales, la proclamación rusa de la captura responde a objetivos de naturaleza política, orientados a fortalecer la posición del Kremlin ante la audiencia global. Sin embargo, el alto mando ruso ha demostrado reiteradamente que, tras anunciar victorias ficticias, está dispuesto a sacrificar a miles de efectivos en un intento por materializarlas, convirtiendo a Kostiantynivka en el ejemplo más reciente. Moscú declaró la victoria, intensificó las operaciones de infiltración y aceleró la tasa de atrición de sus tropas, para luego solicitar a Ucrania una interrupción del fuego suficiente para permitir su avance. A pesar de esto, las unidades ucranianas mantienen operaciones ininterrumpidas, vigilando cada sector de aproximación y neutralizando los elementos rusos que penetran en la urbe, mientras que la acumulación de bajas en los flancos de Kostiantynivka ilustra el coste operacional que Moscú está dispuesto a asumir por sostener sus propias narrativas de desinformación.


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