Hoy, la noticia más importante llega desde el Mar Negro.
Aquí, el Mar Negro se ha convertido en un entorno militar dentro de la guerra de Rusia contra Ucrania, donde las acciones de sondeo rusas buscan intimidar a los aliados de Ucrania y forzarlos a la sumisión.

Esta vez, sin embargo, Turquía está tomando la acción más decisiva de cualquier país de la OTAN hasta la fecha, estableciendo un escudo impenetrable a lo largo de su costa norte y prometiendo que cualquier amenaza rusa que entre será enfrentada con destrucción inmediata.

Turquía ha desplegado hasta cuatro vehículos aéreos no tripulados Akinci simultáneamente sobre los sectores suroeste, sur y sureste del Mar Negro, creando cobertura continua a lo largo de su litoral norte. Estos drones están equipados con el radar embarcado Murad, capaz de identificar objetivos aéreos a distancias de hasta 200 kilómetros, lo que permite a las fuerzas turcas detectar cualquier objeto extranjero invasor mucho antes de que se acerque al espacio aéreo de Turquía. Con múltiples drones superponiendo sus áreas de cobertura, las plataformas rusas ya no tienen espacio para maniobrar, acercarse o retirarse sin ser detectadas.

Esto marca una segunda fase decisiva en la postura de Turquía, ya que Ankara establece las condiciones bajo las cuales los aviones rusos no pueden operar en absoluto. Este cambio se construye sobre la fase anterior, cuando las fuerzas turcas derribaron aviones rusos que operaban sobre el Mar Negro, y aunque esos incidentes mostraron que Turquía estaba preparada para usar la fuerza, todavía solo reaccionaba, no prevenía. Cabe destacar que esto aún dejaba espacio a Rusia para regresar, probar límites y retirarse, ya que un total de tres drones violaron el espacio aéreo turco después de esos eventos.

La diferencia es que, en lugar de esperar violaciones y responder, Turquía ahora niega el acceso desde el inicio. La postura actual elimina por completo el ciclo persistente de violaciones rusas, ya que ya no existe una ventana en la que las plataformas rusas puedan acercarse, provocar una respuesta y reiniciar la situación.

Este cambio siguió a repetidos vuelos de drones rusos y actividad aérea cerca del territorio turco que continuaron a pesar de las advertencias. Permitir que esos vuelos persistieran habría creado una situación en la que Rusia dictaba el ritmo y obligaba a Turquía a un papel permanentemente reactivo. Con el tiempo, esa dinámica favorece al lado que realiza los sondeos, no al lado que emite protestas; por ello, la respuesta de Turquía refleja la conclusión de que la pasividad invita a más presión en lugar de generar estabilidad.

El sistema de patrulla ahora en funcionamiento se basa en la disuasión, con drones realizando reconocimiento continuo sobre el Mar Negro, identificando contactos en cuanto despegan o se aproximan a zonas monitoreadas. Al mismo tiempo, aviones de combate turcos permanecen en alerta inmediata a lo largo de la costa, con múltiples jets listos para interceptar si se requiere. Una vez detectado un contacto, este se mantiene bajo vigilancia constante, con la interceptación como resultado predeterminado, no como último recurso.

Este sistema funciona porque no deja tiempo para reaccionar, ya que la detección, el seguimiento y la interceptación ya no son pasos separados en el tiempo. Son parte del proceso que comienza en el momento en que un avión entra en el área monitoreada, y los operadores rusos saben que cualquier vuelo será visto de inmediato y enfrentado con una respuesta que no puede retrasarse ni negociarse.

Bajo estas condiciones, los vuelos de sondeo dejan de ser útiles, y por ello, las incursiones de drones y aviones rusos en el espacio aéreo turco sobre el Mar Negro han cesado por completo, sin reportarse nuevos casos durante más de dos semanas. Esto refleja una pérdida decisiva de espacio operativo, ya que Rusia no ha intentado rutas alternativas, no ha incrementado la presión en otras partes del Mar Negro ni ha puesto a prueba la determinación de Turquía de otras maneras. Se ha retirado por completo, y este patrón no es nuevo, ya que el ejemplo más reciente ocurrió en el Atlántico, cuando Estados Unidos interceptó petroleros rusos a pesar de que Moscú enviara un submarino para vigilar la operación y emitiera amenazas contra buques estadounidenses. Al final, Rusia no hizo nada, y los abordajes se realizaron sin interferencias, porque cuando se enfrenta a una aplicación militar sostenida, Rusia retrocede, y cuando se enfrenta a advertencias, protestas o respuestas limitadas, continúa presionando. En este caso, Turquía ha excluido exitosamente a Rusia del espacio aéreo, y la actividad rusa ha cesado por completo.

En general, Turquía ha demostrado que el control en el Mar Negro se logra mediante la aplicación continua, no con respuestas esporádicas. Al negar el acceso en lugar de responder a las violaciones, Ankara eliminó la capacidad de Rusia de sondear y presionar. Este resultado no requirió negociación ni escalada, solo persistencia y preparación. Muestra que cuando Rusia se enfrenta a fuerza que no le deja margen de maniobra, ajusta su comportamiento en consecuencia.


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