En este vídeo, analizaremos la situación actual de la presencia de Rusia en Mali.
Recientemente, una nueva columna de apoyo militar ruso que avanzaba hacia el asediado norte de Mali ha sido nuevamente emboscada por separatistas tuaregs. Según múltiples fuentes citadas por las agencias Reuters y AFP, el convoy estaba integrado por más de doscientos efectivos del Cuerpo de África (Africa Corps) de Rusia y más de un centenar de soldados malienses, quienes se desplazaban con destino a la base militar situada en la ciudad de Anéfis. Sin embargo, tras alcanzar el área de Tabankort, a aproximadamente treinta y siete kilómetros de su destino final, la columna rusa sufrió una emboscada directa por parte de los separatistas tuaregs, lo que provocó severas bajas entre las fuerzas rusas. Los informes posteriores a la acción señalan que la totalidad de los hasta doscientos militares rusos y los cien soldados de la junta maliense resultaron muertos en el ataque, o bien se rindieron y fueron tomados prisioneros. Este constituye el tercer convoy ruso emboscado durante la Segunda Ofensiva Tuareg y la segunda ocasión en que el grupo rebelde tuareg logra destruir por completo una columna rusa.

Las reiteradas victorias militares de los grupos separatistas tuaregs en Mali han sometido al África Corps de Rusia a una severa presión operativa. De acuerdo con el diputado de la Asamblea Nacional francesa Bruno Fuchs, Rusia ya ha entablado conversaciones con el gobierno de la junta de Mali en relación con una retirada militar completa del país. Esta coyuntura indica con claridad que Moscú se halla bajo la presión de adoptar una decisión sin precedentes respecto a su presencia militar de largo plazo en Mali. Aunque la reducción de la presencia militar rusa y una retirada total han sido objeto de debate desde la primera ofensiva tuareg, el asunto ha cobrado mayor relevancia a medida que las fuerzas rusas y malienses sufren de forma reiterada reveses militares de envergadura frente al avance de los separatistas tuaregs, respaldados por Ucrania. En consecuencia, la perspectiva de que Rusia abandone a sus aliados malienses está siendo contemplada a niveles oficiales en Moscú.

Entretanto, sobre el terreno en Mali, la fractura entre el África Corps ruso y las fuerzas armadas de la junta maliense es cada vez más evidente, y las recientes operaciones militares han reflejado esta tendencia de manera aún más nítida. Según las quejas formuladas por soldados de la junta, las fuerzas rusas otorgan con frecuencia mayor prioridad a las campañas de relaciones públicas destinadas a promocionar su presencia y actividades que a la ejecución de acciones militares efectivas contra los rebeldes en el terreno. En esta misma línea, las fuerzas rusas han difundido reiteradamente vídeos engañosos en los que exhiben sus actividades en Mali, patrullando las calles de ciudades que no se encuentran bajo ataque directo y situadas lejos de la línea de frente, además de crear música militar efectista para eclipsar las atrocidades cometidas y mostradas en redes sociales.

Al mismo tiempo, el África Corps ruso depende cada vez más del uso de drones y del apoyo aéreo en lugar de participar directamente en combates terrestres, dado que el temor a sufrir bajas elevadas durante las operaciones de infantería continúa condicionando su planteamiento táctico. Asimismo, los reiterados incidentes en los que las fuerzas rusas se han replegado o han abandonado sus posiciones ante la intensidad de los ataques rebeldes tuaregs han acrecentado el descontento y el resentimiento entre los soldados de la junta. Como resultado, numeroso personal de las fuerzas armadas de la junta ha comenzado a desarrollar una actitud más hostil hacia el África Corps ruso, lo que reduce la probabilidad de que perciban a las fuerzas rusas como un socio fiable en el campo de batalla.
Desde que la alianza tuareg lanzó su primera ofensiva, Rusia ha reiterado categóricamente que la situación en Mali no replicará lo sucedido en Siria, donde las fuerzas rusas abandonaron a Bashar al-Ásad y se retiraron ante una gran ofensiva rebelde. Sin embargo, la realidad sobre el terreno no se corresponde plenamente con estas garantías, a medida que las limitaciones del respaldo militar ruso en Mali se vuelven cada vez más patentes. Si bien las fuerzas rusas no han abandonado por completo a su aliado maliense de forma explícita, el África Corps ruso se centra prioritariamente en articular vías para evacuar de manera segura a su propio personal de una situación progresivamente más peligrosa.

Los grupos separatistas tuaregs han emboscado y destruido sistemáticamente convoyes rusos, derribado helicópteros rusos, neutralizado vehículos blindados y capturado bases militares clave de forma consecutiva. Entretanto, en lugar de contrarrestar con eficacia a los separatistas tuaregs, observadores militares señalan que el África Corps de Rusia ha fracasado por completo en detener el avance separatista, a pesar de operar en Mali desde hace más de cuatro años. Esto demuestra con claridad que, si bien el África Corps ruso ha mantenido una presencia militar prolongada en Mali, ha sido incapaz de establecer un asentamiento duradero y efectivo en el país.

En términos generales, las inquietudes sobre la capacidad de Rusia para sostener su presencia en Mali, que ya se habían intensificado tras la pérdida de Kidal en abril, se han profundizado aún más tras el desencadenamiento de la segunda ofensiva tuareg en julio. La destrucción de múltiples convoyes rusos y los informes sobre negociaciones con el gobierno de la junta acerca de una posible retirada del África Corps han vuelto crecientemente incierta la futura presencia militar de Moscú en la nación saheliana. La situación en Mali resulta comparable con los recientes límites evidenciados por Moscú en el apoyo al régimen de Ásad en Siria, a la administración de Maduro en Venezuela y a la cúpula dirigente de Irán. Estos casos han puesto de manifiesto los condicionantes de las capacidades militares y diplomáticas de Rusia para sostener a gobiernos aliados en regiones distantes durante periodos de crisis severa, planteando interrogantes de mayor calado sobre la influencia global y la credibilidad de Moscú.


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