Hoy, las noticias más importantes llegan desde Ucrania.
Hace apenas un año, los aliados de Ucrania luchaban por coordinar entregas fragmentadas de armas, a menudo retrasadas por debates nacionales y obstáculos burocráticos. Hoy, el panorama ha cambiado: un único mecanismo, Purl, está canalizando miles de millones de dólares en equipo militar estadounidense directamente hacia Kyiv, con aportaciones agrupadas de toda la OTAN y sus socios.

Durante el último año, en 2025, Ucrania ha recibido más de 5.000 millones de dólares en equipo militar estadounidense a través del programa Purl. Este paquete incluye sistemas de defensa aérea, munición y repuestos críticos procedentes de las reservas estadounidenses.

La financiación no proviene únicamente de Washington, ya que aliados de la UE, así como Canadá, Australia y Nueva Zelanda, están asumiendo los costos, lo que demuestra cómo ha evolucionado el reparto de cargas transatlántico. La secretaria general adjunta de la OTAN, Radmila Šekerinska, subrayó que este acuerdo garantiza que Ucrania reciba el equipo con rapidez, sin que los aliados agoten sus propios arsenales.

Purl, la Lista de Requisitos Prioritarios de Ucrania, es una iniciativa liderada por la OTAN diseñada para agilizar el suministro de armas estadounidenses a Ucrania. En lugar de que cada país negocie transferencias bilaterales, los aliados aportan fondos a un fondo colectivo, que luego se utiliza para comprar sistemas de fabricación estadounidense identificados por Ucrania como prioridades urgentes.

El programa fue concebido a mediados de 2025, tras repetidos retrasos en la reposición de los arsenales europeos y una caída general de la ayuda militar a Ucrania, lo que puso de manifiesto los límites de los modelos de ayuda anteriores. Pero, sobre todo, Washington había señalado que la nueva ayuda militar estadounidense solo continuaría si los aliados la financiaban.

Al trasladar la responsabilidad financiera a los aliados mientras se obtiene el equipo de los almacenes estadounidenses, Purl evita los cuellos de botella en la adquisición. Las entregas se organizan en tramos de aproximadamente 500 millones de dólares, garantizando un flujo mensual constante de material militar. Esto representa una aceleración sin precedentes y un punto de inflexión político, ya que el presidente de Estados Unidos comunicó a los aliados de la OTAN que las compuertas de la ayuda militar vuelven a estar abiertas.


Por otro lado, la magnitud de la ofensiva rusa implica que incluso este aumento puede servir solo para estabilizar el campo de batalla, en lugar de inclinarlo decisivamente. La credibilidad del programa depende de mantener este ritmo durante 2026 y más allá, ya que satisfacer las necesidades de Ucrania exigirá cerrar brechas tanto en la capacidad industrial como en la voluntad política.

La cifra destacada de 5.000 millones de dólares en equipo estadounidense entregado a finales del año pasado es impactante, pero la verdadera historia reside en qué se compró y cómo se está implementando. Para ponerlo en perspectiva, la ayuda militar total a Ucrania en 2025 ascendió a unos 45.000 millones de dólares, lo que significa que Purl por sí solo representó más del 10 % de toda la asistencia en los primeros seis meses desde su concepción.

En concreto, esos 5.000 millones de dólares financiaron baterías de defensa aérea Patriot, cientos de misiles interceptores, lanzacohetes Himars con municiones guiadas de precisión, así como grandes reservas de proyectiles de artillería y repuestos para los distintos tipos de vehículos modernos de fabricación estadounidense utilizados por Ucrania.

Estos sistemas se han desplegado con rapidez, como los interceptores Patriot, que ya han evitado nuevos ataques de misiles de crucero rusos contra la red eléctrica de Kyiv. Mientras tanto, los cohetes Himars se han utilizado para interrumpir las líneas de suministro rusas en Donbás y frenar los avances rusos en Pokrovsk.

Igualmente importante es la amplitud de la participación, que abarca desde países nórdicos y bálticos que han reunido medio millardo de dólares para entregas conjuntas, hasta el paquete de mil millones de euros de España, que también financia generadores para estabilizar la red energética de Ucrania. La participación de Australia y Nueva Zelanda en el programa demuestra que el apoyo se extiende ahora mucho más allá de Europa. También cabe destacar que la ayuda varía en tamaño según el país, con algunas contribuciones ya entregadas, otras comprometidas, y otras, como las de Alemania, Países Bajos, Canadá y Noruega, que destacan por su magnitud, subrayando la escala de su compromiso.

Purl no solo ha entregado armas, sino también confianza. Se convirtió en el mecanismo que permitió a Ucrania seguir accediendo a equipo estadounidense sin verse obligada a recortar sus propias inversiones en producción nacional.

En conjunto, Purl representa una evolución decisiva en la organización y entrega de la ayuda militar a Ucrania. Lo que comenzó como un mosaico fragmentado de donaciones nacionales se ha transformado en un mecanismo coordinado capaz de canalizar miles de millones de dólares en equipo estadounidense financiado por los aliados. Purl es a la vez símbolo y sustancia: demuestra que los socios de Ucrania pueden actuar colectivamente y dota a Ucrania de los sistemas y la munición que necesita con urgencia. El desafío es mantener el impulso y garantizar que Purl no sea solo una solución a corto plazo, sino un marco duradero para sostener la defensa de Ucrania en los años venideros.


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