El espacio aéreo de baja altitud se convierte en un dominio disputado que define los resultados en el frente
Durante gran parte de la guerra, el aire justo sobre las líneas del frente pertenecía casi por completo a quien lanzaba primero los drones, convirtiendo el cielo en una amenaza constante e incontestada para los soldados debajo. Ese desequilibrio moldeó cómo se movían, reabastecían y combatían las unidades, a menudo paralizando sectores enteros no por el poder de fuego, sino por el miedo a ser detectados. A medida que aumentaba el número de drones, quedó claro que simplemente soportar la presión aérea ya no era sostenible. La lucha se ha desplazado de los ataques individuales de drones a la cuestión de quién controla el espacio aéreo a baja altura. El control del cielo, incluso a unos pocos cientos de metros del suelo, está ahora directamente ligado a la libertad de maniobra en el campo de batalla. La respuesta de Ucrania refleja una transición más amplia, pasando de la supervivencia reactiva bajo los drones a la disputa activa del aire sobre sus tropas.

0 Comentarios