Hoy, las actualizaciones más interesantes provienen de Ucrania.
Las unidades rusas de drones habían logrado obtener brevemente una ventaja, ya que la conectividad de Starlink les permitía guiar sistemas de largo alcance con precisión y operar más allá de la interferencia ucraniana. Sin embargo, el corte abrupto de estas conexiones ha dejado a los drones rusos conectados a Starlink prácticamente ciegos, exponiendo las debilidades estructurales que han definido las ambiciones satelitales de Rusia desde el colapso de Rassvet.

El programa ruso de internet satelital nacional se ha estancado hasta el punto de que ya no puede considerarse una solución viable a corto plazo para las comunicaciones militares. Esta brecha persistente ha dejado a las fuerzas rusas sin una red de comunicaciones espacial operativa en un momento en que las operaciones modernas dependen cada vez más de enlaces estables y de alto ancho de banda. En ausencia de una alternativa nacional, las unidades rusas recurrieron a terminales Starlink adquiridas a través de intermediarios.

Las fuerzas rusas ya habían utilizado Starlink para comunicaciones y diversas funciones de drones, pero adaptaciones recientes ampliaron esta práctica a sistemas de largo alcance como los drones BM-35 y Shahed. Estos cambios se introdujeron para extender el alcance operativo y mantener enlaces de control estables en áreas donde los sistemas tradicionales basados en radio eran poco fiables o fácilmente interferidos. Esto permitió que los drones rusos de largo alcance operaran con mayor precisión y resiliencia, ya que los drones conectados a Starlink también son más resistentes a la interferencia electrónica.

Una vez que las autoridades ucranianas confirmaron que las unidades rusas estaban utilizando Starlink para guiar drones, actuaron rápidamente para coordinarse con la empresa. Hasta ese momento, el uso ruso de Starlink se había limitado a comunicaciones y tareas de drones a pequeña escala, pero su integración en sistemas de ataque de largo alcance creó un riesgo operativo que ya no podía ignorarse. Lo más importante es que las recientes adaptaciones rusas generaron firmas técnicas claras que hicieron posibles restricciones específicas por primera vez. La prioridad era identificar cómo operaban las terminales no autorizadas dentro de Ucrania y cómo restringirlas sin interrumpir el uso legítimo ucraniano. Esto requirió medidas técnicas capaces de distinguir entre dispositivos ucranianos y no ucranianos, incluso cuando las terminales eran trasladadas, ocultadas o gestionadas a través de intermediarios.

Para resolverlo, Starlink implementó un sistema de verificación y acceso basado en geolocalización. Todas las terminales que operan en Ucrania ahora requieren registro y confirmación con las autoridades ucranianas, mientras que los dispositivos no verificados pierden automáticamente la conectividad al intentar operar dentro del territorio ucraniano. El proceso cerró la brecha que había permitido a las unidades rusas activar terminales adquiridas fuera de Ucrania y luego introducirlas en el campo de batalla. La transición se ejecutó con rapidez, reflejando tanto la urgencia de la situación como la necesidad de evitar una mayor explotación de la red.

El impacto táctico fue inmediato; los canales militares rusos comenzaron a difundir quejas de que el acceso a Starlink había sido cortado, y los operadores de drones informaron de pérdidas repentinas de señal que provocaron que los drones perdieran guía o descendieran de forma incontrolada. Algunos comentaristas rusos recurrieron a una retórica extrema, incluyendo llamados a destruir satélites con ojivas nucleares en el espacio como medida desesperada de último recurso. La reacción puso de relieve la magnitud de la interrupción, ya que sin conectividad satelital los drones rusos volvieron a métodos de control más antiguos, mucho más vulnerables a la interferencia y a la interceptación ucraniana.

La pérdida del control en tiempo real también redujo la precisión de los ataques rusos de largo alcance, ya que los operadores ya no podían ajustar las trayectorias en respuesta a las defensas ucranianas o a objetivos en movimiento. La ventaja temporal que Rusia había obtenido mediante el uso no autorizado de Starlink desapareció en cuestión de horas tras la entrada en vigor de las restricciones.

Las consecuencias también se extienden al plano estratégico, más allá de la pérdida inmediata de capacidad de drones. La dependencia rusa de Starlink surgió porque carecía de una red satelital operativa propia, y el corte elimina la solución temporal que había ocultado esta debilidad. Sin la guía satelital disponible, las contramedidas ucranianas recuperan toda su eficacia frente a los drones rusos.


Este revés también subraya lo lejos que está Rusia de desplegar un sistema capaz de apoyar operaciones más allá de sus fronteras. De manera interesante, las medidas adoptadas en Ucrania pueden aplicarse en otros territorios fuera de Ucrania que enfrenten riesgos similares, como actividades militares híbridas o militantes en distintas partes del mundo.


En general, la eliminación del acceso ruso a Starlink revierte una ventaja táctica de corta duración y restablece la eficacia de las contramedidas ucranianas. El corte demuestra que el uso no autorizado de redes satelitales comerciales puede ser restringido incluso en entornos operativos complejos, creando un precedente que podría influir en cómo los estados y las empresas gestionan el acceso a servicios digitales críticos. La dependencia rusa de sistemas extranjeros pone de relieve las limitaciones a largo plazo que enfrentan las fuerzas armadas que no pueden desplegar su propia infraestructura resiliente.


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