Operación brutal: Ucrania destruye 230 piezas de artillería rusas en 48 horas en un golpe récord

Jul 14, 2026
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Durante una operación multifase de una complejidad sin precedentes, denominada "Ashan", las fuerzas ucranianas batieron doscientos treinta y un sistemas de artillería rusos en los ejes de Jersón, Zaporiyia, Donetsk y Luhansk en un lapso de tan solo cuarenta y ocho horas. En esta ofensiva artillera, la mayor de todo el conflicto, se confirmó la destrucción de ciento setenta y uno de ellos, mientras que los restantes sufrieron daños de diversa consideración. Este extraordinario nivel de eficacia operativa equivale a la aniquilación completa de tres brigadas de artillería rusas en su totalidad. El impacto estratégico fue inmediato: la actividad de la artillería rusa se redujo drásticamente en hasta un ochenta y uno por ciento en los sectores afectados durante la primera jornada tras la finalización de la operación.

La Operación Ashan fue planificada minuciosamente por los operadores del Grupo Lasar de la Guardia Nacional de Ucrania como una campaña de precisión quirúrgica destinada a neutralizar este componente específico de las fuerzas armadas rusas. La primera fase requirió una estrecha colaboración entre analistas ucranianos y diversas unidades a lo largo de amplios sectores de la línea de frente, con el objetivo de obtener inteligencia geoespacial y de señales sobre el despliegue artillero ruso. Se cartografiaron las piezas activas del adversario, sus sectores de fuego y se monitorizaron sistemáticamente las posiciones de ocultamiento de sus obuses.

Paralelamente a la consolidación de la red de objetivos, los ingenieros militares ucranianos ejecutaron la segunda fase mediante el desarrollo de municiones especializadas para la neutralización de obuses, diseñadas específicamente para comprometer la integridad térmica y estructural de los tubos de cañón. Este aspecto técnico resultaba crítico, ya que un impacto directo en el tubo inutiliza el componente más vulnerable e indispensable del sistema de armas. Dicho daño es suficiente para dejar la pieza fuera de combate y obstaculizar gravemente cualquier intento de reparación rápida en el teatro de operaciones, especialmente ante las severas limitaciones de la industria de defensa rusa para producir nuevos tubos.

Posteriormente, los operadores ucranianos prepararon la fase de asalto final, listos para desplegar de forma simultánea ochocientos vehículos aéreos no tripulados durante dos noches consecutivas en los ejes operativos clave. En lugar de permitir que las fuerzas rusas reaccionaran ante pérdidas aisladas, Ucrania concentró cientos de ataques en un estrecho margen temporal de dos noches. Las baterías rusas apenas dispusieron de tiempo para dispersar sus medios, recuperar los sistemas dañados o reubicar sus asentamientos. La posterior observación mediante drones ucranianos confirmó la efectividad de las bajas, mientras que las interceptaciones de las comunicaciones enemigas ratificaron la magnitud de la disrupción orgánica sufrida.

Las repercusiones de este golpe no deben subestimarse: la Federación de Rusia ha perdido de forma definitiva ciento setenta y una piezas de artillería, a las que se suman otras sesenta dañadas. Dado que tres brigadas de artillería proporcionan normalmente apoyo de fuego a múltiples formaciones en el frente, su neutralización se traduce directamente en una menor capacidad rusa para saturar las posiciones ucranianas, un debilitamiento de las barreras de fuego previas a los asaltos, una degradación de la capacidad de fuego de contrabatería y una desprotección crítica de su infantería de maniobra.

El factor determinante es que Moscú se enfrenta a la imposibilidad de reponer estas pérdidas de manera inmediata. Los sistemas en reserva deben ser desmovilizados de los depósitos de almacenamiento, inspeccionados, reparados, transportados hacia el frente, abastecidos de munición y asignados a nuevas tripulaciones. Rusia depende cada vez más de los arsenales de la era soviética, los cuales ya se encontraban reducidos al treinta y cinco por ciento de sus niveles previos a la guerra el año pasado. Al mismo tiempo, en el quinto año del conflicto, la disponibilidad de tubos de repuesto y de personal artillero debidamente instruido se halla bajo mínimos históricos, con una capacidad industrial rusa estimada en tan solo cinco tubos nuevos al mes. En la coyuntura actual, el mando ruso carece de alternativas viables, puesto que la reconstitución de las unidades destruidas podría demorarse más de un semestre, mientras que la transferencia de sistemas artilleros desde sectores más estables solo trasladaría el déficit operativo, generando nuevas vulnerabilidades tácticas.

En consecuencia, Rusia se ve privada de la capacidad para ejecutar ofensivas a gran escala, las cuales, conforme a la doctrina militar rusa, exigen una concentración masiva de fuegos artilleros para suprimir las defensas antes del avance de la infantería. Al suprimir la potencia de fuego equivalente a tres brigadas, Ucrania ha comprometido gravemente la capacidad rusa para preparar y sostener operaciones ofensivas de envergadura. Este factor, combinado con el desgaste continuo de su parque blindado y los ataques sistemáticos contra sus líneas de suministro logístico, ha denegado por completo a Moscú la concentración de artillería indispensable para cualquier ofensiva relevante este año. Por consiguiente, las fuerzas rusas dependerán aún más de tácticas de infiltración mediante grupos reducidos de infantería, a menudo integrados por menos de cinco efectivos. No obstante, estas unidades ya se ven obligadas a avanzar y sufrir bajas masivas sin apoyo blindado orgánico, y ahora se verán abocadas a operaciones de alta fricción sin la cobertura artillera necesaria.

Por otro lado, este escenario concede un mayor margen de maniobra a los operadores de drones y asentamientos de artillería ucranianos. Ante la reducción del fuego de contrabatería enemigo, las piezas ucranianas pueden operar con mayor persistencia y agresividad táctica, facilitando que el mando ucraniano planifique acciones ofensivas localizadas con expectativas de éxito significativamente superiores.

En términos globales, la Operación Ashan fue diseñada meticulosamente para descabezar el núcleo operativo de las capacidades ofensivas y defensivas rusas, logrando la neutralización efectiva de tres brigadas en un intervalo de cuarenta y ocho horas. Esto aboca a Rusia a una dependencia crítica de su infantería y de sistemas no tripulados, recursos que a su vez se ven limitados por la creciente escasez de personal cualificado y operadores especializados. Simultáneamente, Ucrania ha consolidado su libertad de acción para batir al adversario sin la amenaza inminente de bombardeos masivos rusos, compensando con eficacia la asimetría numérica en cuanto a plataformas y municiones del rival.

05:43

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